Apophas fue un príncipe que deseaba el trono de Numas en Nehekhara. Dejó que sus celos le superan y le cortó el cuello a todos los miembros de la familia real y se proclamó rey. Sin embargo, el pueblo de Numas se levantó en su contra, y, defendiendo al anterior rey, llegaron a la sala del trono y lo llevaron a rastras a los templos para ser juzgado.
En el antiguo imperio de Nehekharan el regicidio es considerado el crimen más terrible, y por lo general, a aquellos que intentaban tomar el trono por la fuerza se les negaba el privilegio de la momificación y se les castigaba arrojando sus huesos a los buitres del desierto. Apophas fue castigado, sin embargo, con ser enterrado vivo dentro de un ataúd lleno de escarabajos carnívoros. Sus gritos se podían escuchar a través de las paredes del templo. Al abrir el ataúd, todo lo que quedaba era un cráneo, y ni siquiera los escarabajos estaban allí. En este último resto, el cráneo, se inscribió un maleficio que condenaba su alma para toda la eternidad, y fue arrojado al desierto.


