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Latidos de un mundo convulso

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La fundación Caja Madrid lleva desde Septiembre una exposición de fotografía muy interesante en Barcelona.

Se trata de la muestra de fotografías de 10 prestigiosos artistas españoles que mustran su visión de la injusticia, la cotidianidad del tercer mundo, la guerra y la miseria. Son 100 fotografías que van desde la vecina revolución de los claveles, hasta la guerra de Irak, pasando por países como Ruanda o la ex Yugoslavia. Tocan temáticas polémicas que están cerca de casa, como el conflicto Vasco y aportan ejemplos de obras que resultan ya un icono para el fotoperiodismo español.

Con esta exposición, podemos comprobar la importancia de la fotografía como reflejo de una sociedad instantána. Rápida. Se trata de una reivindicación clara del papel de la fotografía como instrumento sensibilizador y transformador.

Más información en la página de la obra social Caja Madrid.

Los agujeros

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thumb_guatemala16.jpgMe encantan las zanjas, los hoyos, las excavaciones y los boquetes madrileños. Adoro sortearlos y adoro detenerme en sus orillas para respirar su aroma húmedo de profundidades, desagües y misterio.
Es cierto que antes los odiaba tanto como vosotros. Que no hace mucho tiempo, los encontraba tan inoportunos, tan molestos, tan sucios, tan humo, tan hollín y tan grava que me daban ganas de lanzarme a uno de ellos y desaparecer. Pero todo cambió desde que me topé con mi primer agujero de ficción literaria. ‘El agujero’ de Ricardo Sanz comienza así: «El agujero cogió su maleta, metió en ella bien dobladita su capa negra […] y se fue a esperar la llegada del tren«.
Se trataba de un agujero viajero que se ponía y se quitaba su capa oscura cuando a él le daba la gana. Una maravilla. Un prodigio de personificación que me llevó a buscar otros agujeros con los que confraternizar. Así conocí ‘La Teoría del hueco’, de Eloy Tizón. Esta vez el protagonista es un pobre hombre que sólo encuentra sentido a su vida haciendo agujeros y más agujeros. Su lectura fue tan reveladora que no sólo me reconcilió con ciertas cavidades sino también con ciertos alcaldes.
‘El agujero negro’ de José María Merino que aspiraba todo lo que le rodeaba, me lanzó hacia otro agujero aún más inquietante que es ‘El pozo’ de Sergi Pàmies en el que nunca se acaba de tocar fondo. Creo que éste fue el punto de inflexión. Ambas lecturas despertaron en mí un hondo respeto hacia los hoyos contra los que antes despotricaba e incluso, escupía.
Tal veneración que durante esa época, os juro que sentía impulsos de arrodillarme y santiguarme ante el operario que trituraba los adoquines con su martillo hidráulico. Menos mal que apareció en mi auxilio ‘El agujero en el puente’, de Slawomir Mrozek, en el que ninguno de los dos pueblos rivales quiere hacerse cargo de la reparación de un boquete que se ha abierto en el puente que los une. Una historia irónica y mordaz. Porque también hay agujeros irónicos y mordaces. Melancólicos y tímidos. Procaces y agresivos. En serio. No hay dos agujeros iguales ni en los muebles desmontados de Ikea.
Por eso merece la pena leer todos estos cuentos. Os llevará poco tiempo y a partir de entonces, podréis disfrutar de maravillosos paseos por el centro y las afueras de vuestras ciudades. El agujero es uno de los grandes temas de la literatura universal. No lo olvidéis la próxima vez que uno de ellos se interponga en vuestro camino. Observadlo, escuchadlo, sentidlo… Los hombres que espían las excavaciones detrás de las vallas no son simples jubilados como nos quieren hacer creer. En realidad son gente muy leída. Sabios, diría yo. Colocaos a su lado y mirad hacia allá abajo. Más al fondo todavía. Tranquilamente.

P.D: Por favor, si conocéis más agujeros literarios, decídmelo. Mil gracias.

«Almas Muertas»

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Esta sección tratará de los grandes maestros rusos, la época dorada de su narrativa, Siglo XVIII-XIX, cuyo fulgor no pierde brillo ni actualidad a pesar del tiempo.

A través de ellos conoceremos la Rusia de la época pero también nos identificaremos con sus personajes, reconociendo los rasgos eternos de la condición humana.

Comenzaré con la novela que da título a nuestra sección, Almas Muertas, de Nikolái Gógol ( 1809-1852), el escritor más destacable de su tiempo, después de Pushkin. Su escritura se inicia con la influencia del romanticismo para evolucionar a un realismo sátiro, caricaturesco, tildado de grotesco. Será uno de los escritores más influyentes para las generaciones posteriores; Dostoievski, e incluso el más cercano Kafka, se inspiraron en él.

Almas Muertas es su novela más famosa, de la que tan sólo se conserva la primera parte, pues quemó la segunda . La idea se la ofreció su admirado Pushkin y se basa en un hecho real: el protagonista, Chichikov, es un granuja con la única pretensión de hacerse rico y para ello realizará todo tipo de fraudes, como apropiarse de las almas muertas, campesinos fallecidos . Las aventuras y desventuras de Chichikov serán un pretexto para ofrecer una crítica y ácida visión de la Rusia jerárquica, feudal y corrupta de la época así como censurar la servidumbre de gleba, las denigrantes condiciones de sumisión de los campesinos.

Gógol nos retrata una galería de personajes caricaturescos abarcando todas las clases sociales, pero será una visión no carente de sentido del humor ni tampoco de comprensión al género humano. Ensalza la belleza de los paisajes rusos con líricas y emotivas descripciones y, al igual que Eugenio Oneguin de Pushkin , intercala sus propias reflexiones sobre temas universales como el paso del tiempo, el amor, el choque entre el sueño y la realidad, la nostalgia de su tierra, la soledad o la incomprensión del escritor.

Desnuda su alma al lector, a quien sabe acercarse y despertar su interés, tanto por su dominio de una prosa lírica y lúcida como por su estilo divertido y caricaturesco. Si representa unas almas que están muertas , nosotros seremos unas almas vivas.

¡Dios mío, no disparen contra el libretista!

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«¡Giustizia!«, clama Elisabetta (Isabel de Valois), arrojándose a los pies de su esposo Filippo (Felipe II).

Estamos en el acto IV de Don Carlo, ópera de Giuseppe Verdi, y ese grito que la delicada soprano repite con desesperación a su despótico marido -¡justicia!- se me figura el grito del libretista de este drama musical (en este caso son dos los autores del texto, Achille de Lauziers y Angelo Zanardi) y, en general, de todos los libretistas de ópera que han existido, frente al olvido, incomprensión y maltrato de que fueron siempre objeto.

Todo el mundo conoce a Haendel, a Mozart, a Verdi, ¿les suenan esos nombres, verdad? Pero ¿quién conoce a Pietro Metastasio, Lorenzo Da Ponte o Arrigo Boito? Sólo los muy aficionados a la ópera. Y, díganme ¿sería la misma? ¿tendría la misma fuerza dramática el aria de Otello «Dio! mi potevi scagliar» si la maravillosa música del genio de Busseto no fuera acompañada por los versos de Boito?

Merecidísima es la fama de la cavatina «Se vuol ballare» (primer acto de las Bodas de Fígaro, de Mozart) pero ¿no debe gran parte de su éxito al gracejo, a la fina ironía que sabe expresar la letra de Da Ponte?

¡Ah, pobres libretistas, siempre tan denostados! Que si hacedores de ripios, que si poetas de segunda… Cuántas veces hemos oído -y tendremos que seguir oyendo- decir: » La ópera buena, a pesar del libreto«. Pues no señor. Si toda generalización acarrea injusticia, ésta más todavía.

No pongo en duda que lo más importante en una ópera es la música del compositor. Por supuesto. Pero, por favor, no se olviden ustedes del texto. Toda ópera nos cuenta una historia y para contar una historia son imprescindibles las palabras. Acuérdense de esos artistas que supieron emocionarnos -que siempre nos emocionarán- con sus versos.

Y para muestra, un botón:

Azucena (zíngara y bruja en El Trovador -¿se nota mucho que me gusta Verdi?-) cuenta la terrible muerte de su madre, quemada viva en una hoguera, acusada de brujería.

Fíjense cómo Salvatore Cammanaro, libretista de Il Trovatore, nos describe este momento:

Stride la vampa! Giunge la vittima
(resplandece la llama, llega la víctima)
nero vestita, discinta e scalza
(vestida de negro, desceñida y descalza)
grido feroce di morte elevasi
(un feroz grito de muerte se alza)
L’eco il ripete di balza in balza.
(el eco lo repite de barranco en barranco)
Sinistra splende sui volti horribili
(siniestra brilla sobre sus horribles rostros)
la tetra fiamma che s’alza al ciel.
(la tétrica llama que se eleva hacia el cielo)

El TAU «asesina» al Madrid

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BUllockA lo mejor es que los blancos iban en una nube por su victoria contra los Raptors; pero el TAU les dio un baño (93-70). Sin el clásico enfrentamiento Scola-Reyes en la Zona (uno en NBA y otro lesionado). Otra ‘S’, Tiago Splitter, se merendó a Papadopoulos y a Hervelle. 24 puntos del jugador baskonista por 12 de la pareja blanca.  Además,de Splitter, Rakocevic(19) y Telekovic(17) pasaron de 15 puntos; mientras el Real Madrid sólo Bullock(21) y Mumbrú (14) estuvo por encima de 10; algo que dice todo.

Yo Quiero ver a Riquelme

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Hace poco ensalcé la labor del Villarreal y de su técnico; el chileno Manuel Pellegrini. Pese a dejarnos sin ver a Juan Román Riquelme. Basile lo recuperó este fin de semana para su selección; y lo hizo a lo grande: 2 golazos de falta. Yo me niego a quedarme sin ver a Román. Si Pellegrini no lo quiere (encima le marca 2 goles a Chile,jeje)  ¿no hay ningún hueco en el futbol mundial para este gran jugador?

Los Romances: primeros poemas canarios

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Las primera manifestaciones poéticas canarias fueron los ROMANCES, que naturalmente fueron traídos por castellanos y andaluces , así como los distintos pueblos que realizaron el mestizaje canario.

Se cree que fueron las abuelas peninsulares las que dormían a sus nietos canarios al son de los romances y coplas traídas de su tierra. Tambien los hombres en sus ratos de ocio, se distraían con este tipo de poesía, que arraigó tanto a nivel popular que ha llegado a nuestros días, y todavía hoy la forma más utilizada para cantar un hecho ocurrido, es a través del socorrido romance.

Entre ellos son muy famosos “El Romance del Conde Olinos”, “Las tres cautivas” “Me casó mi madre”, etc.

También es justo reconocer como muestra de poesía anónima, las famosas “Endechas a la muerte de Guillén Peraza” conquistador de la Gomera y la Palma, que hasta en la actualidad ha sido tema para una canción del grupo musical Los Sabandeños y que comienza así: Guillén Peraza, Guillén Peraza do está tu escudo do está tu lanza……

Los ROMANCES se utilizan actualmente en el  típico y conocido  «baile del tambor»en la Isla de la Gomera (mi isla natal)

El primer gran autor de la Literatura en general y de la poesía en particular en Canarias, fue sin lugar a dudas el cánonigo de Gran Canaria,

Bartolomé Cairasco de Figueroa (1538 – 1610). Este gran poeta se rodeó en su tiempo de las personas más cultas de entonces y llegaron a formar grupo ya preocupados por dar un perfil literario a las Islas, entre los que destaca uno de los primeros poetas tinerfeños, Rodrigo Núñez de la Peña, nacido en La Laguna.

La otra figura capital de esta época es Antonio de Viana (1578-1650), nacido en La Laguna – Tenerife y conocedor y admirador de la obra de Cairasco, de quien tomó algunos de sus temas y los llevó a dimensión épica. Su obra más importante es Antigüedades de las Islas Afortunadas (1604), obra distribuida en dieciséis cantos en los que se narran, principalmente, los hechos de la conquista de la Isla de Tenerife.

Paul Gauguin en Roma

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El 6 de octubre y hasta el 3 de febrero del 2008, en el Vittoriano, centro de Roma, podremos visitar una estupendísima muestra de Gauguin, uno de los genios de las primeras vanguardias.

Gauguin: Dos mujeres Tahitianas

El Vittoriano es el gran monumento a Vittoro Emanuele II, en piazza Venezia, uno de los puntos neurálgicos del casco urbano de la ciudad eterna.

En este enigmático lugar, uno de los grandes genios de la historia del arte contemporáneo se nos muestra. Es una oportunidad única que no se puede desaprovechar.

Gauguin: Visión después del sermón

La muestra está comisariada por Estiphen Elisenman, profesor de la universidad de Chicago, el cual ha reunido más de 150 obras entre cuadros, bocetos, dibujos y esculturas. Muestra a través de estas obras las ligas entre el artista y Roma, además de hacer un repaso enorme por su obra y vida. Su carácter y su visión del mundo y del arte.

Gauguin: Retrato con halo.

Tres distopías británicas

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y-si.JPG Hay una Ciencia Ficción (y no me entretendré aún en disquisiciones taxonómicas) que siempre me ha resultado especialmente atractiva: la que extrapola no sólo la tecnología en si, sino también las corrientes culturales / sociológicas / sicológicas o sencillamente humanas en las que se debate para llevarnos a una visión escalofriante de nuestro futuro.

 

No tiene nada de asombroso que tres pioneros de la Ciencia Ficción británica se hayan destacado precisamente en esta línea, lanzando una voz de alerta a esa humanidad asombrada por la guerra generalizada.

 

H. G. Wells, escribía a finales del Siglo XIX su alegórica La máquina del tiempo. Wells cae cautivado por el panorama que se abre a su frente, los avances científicos de la época auguraban ya unas posibilidades asombrosas, inimaginables de hecho. El escritor se vuelca a escribir un relato especulativo sobre las posibilidades de “la cuarta dimensión” y la posibilidad de construir una máquina que, gracias a esta dimensión, le permita moverse a través del tiempo. El año de 1893 ve a luz la primera versión de la novela, que fue publicada por entregas en el Henley’s National Observer. Sólo dos años después el autor desarrolla, por encargo y en tan sólo un par de semanas, la novela en su forma definitiva introduciendo el personaje del viajero del tiempo y esa degeneración a la que la humanidad llega en un lejano futuro, representada por los morlocks y los eloí.

 

Precisamente el mismo año que ve la luz La maquina del tiempo, el de 1895, muere en Inglaterra Thomas Henry Huxley, profesor del doctorado de Wells y uno de los pocos defensores con los que contó en vida Charles Darwin. Paradójicamente, el distinguido biólogo no es tan conocido por sus brillantes trabajos taxonómicos o por ser el creador del término agnóstico, sino por ser el abuelo de una distinguida constelación de personalidades británicas: Aldous Leonard Huxley.

 

1932 es el año en que sale a las tiendas Un mundo feliz de Aldous Huxley. En esta aparente utopía, en la que la humanidad a logrado apartar de si todo lo que es capaz de producir dolor o frustración facilitando el acceso a todo lo bueno y lo bello, nos vemos identificados con el personaje del “salvaje”; su primitiva energía, su rebeldía y su inocente y directa forma de interpretar el mundo que le rodea generan en nosotros una simpatía inevitable. Un mundo feliz nos enfrenta al eterno dilema: la necesidad del sufrimiento como necesario contrapunto del disfrute en la búsqueda de una felicidad real y trascendente.

 

Eric Arthur Blair, periodista y escritor, nace ya en el siglo XX; en 1903 para ser preciso. Aunque se mueve en círculos sociales distintos a los de Wells y Huxley bebe de las mismas inquietudes sociales y sufre la misma inquietud por el futuro. Hombre de acción y no solo de palabras se alista como miliciano para luchar contra los nacionales de Franco en la guerra civil Española y aunque es herido de bala durante una escaramuza cerca de Huesca, su mayor riesgo de morir fueron las purgas del estalinista Partido Comunista Español. Eric, con sólo 46 años de edad, muere de tuberculosis en 1950 pero dos años antes publica, bajo su seudónimo literario George Orwell, la que es considerada una de las obras maestras de la Ciencia Ficción: 1984. Esta obra fue inspirada por la vigilancia a la que fue sometido por parte del gobierno británico el propio autor y nos sumerge en un asfixiante y opresivo entorno de miedos y engaños instrumentalizados desde el poder.

 

Por supuesto nuestra evolución como sociedad ha ido por otros caminos ¿o no?