Más de 24 millones de personas necesitarán asistencia humanitaria de emergencia en el Sahel durante este año, según una nueva evaluación realizada por la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA). La situación se agrava con la proximidad de una crisis alimentaria, que podría afectar a cerca de 15,5 millones de personas en los próximos meses. Charles Bernimolin, jefe de la oficina humanitaria regional para África Occidental y Central, afirmó que las poblaciones del Sahel están en el centro de una de las emergencias más graves y desatendidas del mundo.
El empeoramiento de la inseguridad alimentaria se manifiesta de manera alarmante, especialmente entre junio y agosto, un periodo marcado por la escasez de alimentos antes de la cosecha. Durante este tiempo, se estima que más de 15 millones de personas estarán en niveles de crisis alimentaria o incluso peores, con más de 1,5 millones potencialmente en situación de emergencia, incapaces de satisfacer sus necesidades básicas sin apoyo externo inmediato.
La ONU también advierte sobre un posible agravamiento de la crisis, en parte por el conflicto en Oriente Medio, que ha incrementado los precios del combustible, los fertilizantes y los alimentos en el mercado global, impactando gravemente a una población ya vulnerable. La OCHA ha señalado que la reducción de la ayuda internacional amenaza con exacerbar la crisis, indicando que el aumento en los precios de los fertilizantes y los combustibles puede tener consecuencias devastadoras para la agricultura, encareciendo el transporte de alimentos y ayuda humanitaria.
Desde 2025, solo se ha conseguido movilizar el 29% de los fondos necesarios para atender la crisis, y la falta de recursos ha llevado a las agencias humanitarias a reducir sus actividades y, en algunos casos, a retirar sus operaciones de regiones críticas. La alerta es clara: cada recorte en financiación significa un coste humano directo. Bernimolin enfatizó que cuando se suspende un programa, las consecuencias son inmediatas y devastadoras, afectando a los más vulnerables, como niños y mujeres.
La violencia en la región también ha contribuido a la crisis humanitaria. Originalmente concentrada en Mali, Burkina Faso y Níger, ha comenzado a extenderse a otros países de África Occidental, lo que ha agravado la situación de seguridad. La expansión de grupos armados ha provocado desplazamientos forzados y el cierre de escuelas, afectando a más de 2,3 millones de niños que se ven privados de educación.
La situación se complica aún más por el cambio climático, que ha provocado inundaciones que han afectado a cerca de 590.000 personas y ha exacerbado problemas de sequía y desertificación, comprometiendo los medios de vida de las comunidades. Aunque las organizaciones humanitarias están tratando de adaptar sus respuestas mediante nuevas estrategias de asistencia, OCHA insiste en que estos esfuerzos no serán suficientes sin un aumento significativo en el apoyo financiero y político de los donantes internacionales.
A medida que se intensifica la crisis, las Naciones Unidas hacen un llamamiento urgente para que los donantes aumenten rápidamente sus contribuciones, asegurando así la continuidad de las operaciones vitales en la región. La situación en el Sahel demanda atención inmediata, pues la población no puede esperar más.
Fuente: ONU últimas noticias


