El clásico español entre Real Madrid y Barcelona de este domingo era sumamente esperado, sobre todo teniendo en cuenta la ventaja de 8 puntos con la que los catalanes llegaban a un encuentro en el que además eran locales, y que un triunfo podía significar comenzar a decidir la liga en su favor. Como punto en contra, los entrenados por Tito Vilanova no podían contar en este encuentro con sus defensa Piqué, Puyol y Abidal, todos lesionados.
Considerando el caso, Vilanova decidió la conformación de una defensa de cuatro hombres, en la que Mascherano ejercía de primer central, con Adriano como improvisado segundo hombre de la zaga, y Dani Alves y Jordi Alba a sus costados. Por lo demás, todo muy clásico, con Busquets en el vértice del triángulo junto a Xavi e Iniesta, Pedro sobre las bandas, e Cesc y Messi intercambiándose el centro del ataque; ante un Real Madrid de gala, en el que finalmente Marcelo, Ozil y Benzema le ganaron la pulseada a Coentrao, Kaká e Higuaín.
El choque se presentó sumamente disputado desde el arranque, con un Madrid con menos posesión del balón, pero evidentemente más peligroso de cara a puerta, lo que le sirvió a Cristiano Ronaldo para abrir el marcador cuando promediaba la primera parte, y a Benzema casi estirar la ventaja unos minutos más tarde, cuando el palo devolvió su remate fallido. Sin embargo, y antes de que la primera etapa terminara, Messi tomó un rebote dejado por Pepe, y logró el tanto de la igualdad.
En la segunda parte, ya con Montoya por el lesionado Dani Alves en el campo, el Barcelona se adueñó de la pelota, parando mejor sus líneas, y dándole menos chances al Madrid sin balón. Messi anotó un gran tiro libre sobre una falta cometida a él mismo, y cuando todo parecía en favor de los locales, Cristiano aprovechó un gran pase de Ozil, y una distracción de Adriano, que habilitaba, para batir la salida de Valdés y declarar que todo queda en tablas, tanto en su duelo personal con el argentino, como en el choque entre ambos conjuntos.