Probablemente la palabra que mejor define Balada triste de trompeta es «atrevimiento». No en vano es la película más desquiciante, personal y diferente que ha dado el cine español en muchos años. Álex de la Iglesa se casca su Malditos Bastardos particular, tratando la Guerra Civil y la posguerra de una forma irreverente y con una falta de respeto nunca vista y, a mi juicio, muy sana.
Con un prólogo espectacular rematado con unos títulos de crédito memorables el impacto está asegurado, estás dentro de la historia. Después empieza la película, el verdadero disparate, una sucesión de retratos malsanos y ridículos de un circo instalado en medio de las ruinas de la guerra, con especial protagonismo de los dos payasos: el payaso triste (Carlos Areces) y el payaso loco (Antonio de la Torre).


