Los dioses cuando mueren se convierten en piedra

Estatua de Drazen PetrovicSi hay alguien que mereciera un monumento por pisar una pista de baloncesto, ese era Drazen Petrovic. El mejor jugador no norteamericano de la historia lo fue todo con un balón de baloncesto en sus manos. Niño prodigio desde su época yugoslava, tuvo que venir a Europa para hacerse un nombre; que no duraría mucho en inscribirse en el olimpo de los elegidos: la NBA. Pero un desgraciado e inoportuno accidente de tráfico en una autopista alemana, acababa con su vida a los 28 años. Hoy, se hizo un poco más de justicia al jugador, con un monumento a escasos metros del pabellón que lleva su nombre en Zagreb.Una plaza, un pabellón y ahora un monumento en honor al Genio de Sibenik. Drazen Petrovic demostró desde que sus manos le permitían coger una pelota, que había nacido para y por el baloncesto.

Su progresión fue imparable en unos años difíciles tanto en su país, como en su entorno. Ya que un jugador nacido fuera de Estados Unidos era prácticamente vetado en la mejor liga del mundo. Dicho veto tuvo que sufrirlo en sus primeros pasos en Portland, donde jugaba escasos minutos, pero que sabía aprovechar muy bien. Hasta sus compañeros de equipo, estaban impresionados con su mecánica de tiro y acierto en el mismo. Se cuestionaban porqué Rick Addelman no le daba minutos; pero el Tiempo demostraría que se equivocó, y bien.

La libertad que le otorgó su nuevo equipo, los New Jersey Nets, era un premio al pundonor; la entrega; y el amor a un deporte que Drazen demostraba en cada entrenamiento. No se iba para casa hasta que no encestara cientos de tiros libres; lanzamientos de dos y acertara un determinado porcentaje de triples.

En muy poco tiempo, demostró quién era aquel croata que había vacilado al mismísimo Michael Jordan en unas Olimpiadas. En los dos años que militó en New Jersey, llegó a anotar más de 20 puntos por encuentro, colocándose entre los 10 mejores anotadores de la liga, e incluso llevando a su equipo a los play-offs. Hasta entonces, una quimera para un jugador extranjero en la NBA.

Pero, en el mejor momento de su carrera, y en su madurez como deportista, a los 28 años; fallecía repentinamente, cuando una mujer estampaba su coche frontalmente contra el del genio croata. Era el 7 de junio de 1993. El mundo del baloncesto lloraba su pérdida, y muchos lo hacen desde entonces.

Jamás se pudo ver a un jugador con tantas ganas de ser el mejor y de ganar a toda costa. Su tiro era infalible, pero su corazón era de piedra, como el monumento que hoy levantan en su honor.

El monumento mide 4 metros de altura y pesa 600 kilos. Estuvo colocado ya el pasado día 16 de este mes, pero no pudo inaugurarse, ya que faltaban algunos detalles relativos a la decoración de la Plaza Drazen Petrovic.

A unos metros del monumento se encuentra el Centro memorial Drazen Petrovic, abierto a principios de junio, en ocasión del 13º aniversario de la muerte del para algunos, el mejor jugador de la historia de nuestro deporte.

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