Las matanzas en Haití han cobrado una nueva dimensión trágica a partir del pasado domingo por la noche, cuando hombres armados asaltaron el municipio agrícola de Kenscoff, ubicado en las colinas de la capital, Puerto Príncipe. En un acto de violencia sin precedentes, los atacantes incendiaron viviendas y atacaron a los habitantes, dejando un saldo lamentable de al menos 47 personas muertas y 22 heridas. La escena del lunes reveló cadáveres en las calles, mientras los sobrevivientes recorrían los alrededores en busca de sus seres queridos desaparecidos.
Este ataque se enmarca dentro de un incremento alarmante de la violencia de pandillas en el país, que ha llevado a Kenscoff a convertirse en un objetivo estratégico para estos grupos, quienes buscan extender su control más allá de las fronteras de Puerto Príncipe. La masacre ha sido condenada enérgicamente por el Secretario General de las Naciones Unidas y se une a un informe reciente de la ONU que señala la violencia de las pandillas como un problema en expansión.
Desde abril hasta junio, al menos 1,408 personas han sido asesinadas y 656 heridas, con más de la mitad de las víctimas atribuídas a las pandillas. Sin embargo, el informe también revela que un 40% de los fallecimientos se produjeron durante operaciones de las fuerzas de seguridad, mientras que un 5% se relacionaron con actos de justicia popular y grupos de autodefensa. Carlos Ruiz Massieu, representante de la ONU en Haití, destacó que estas cifras reflejan un precio inaceptable que sigue pagando la población a causa de la violencia.
A pesar de los esfuerzos por parte de las autoridades para controlar las pandillas en las áreas metropolitanas de Puerto Príncipe, particularmente en Delmas y Tabarre, la violencia se ha reubicado en otras zonas, como la Llanura del Cul-de-Sac y Ciudad Soleil, donde enfrentamientos entre pandillas rivales han causado más de 463 muertes. Este éxodo de violencia ha forzado a más de 18,000 residentes a abandonar sus hogares y ha provocado la suspensión de los servicios de salud y educación en múltiples localidades.
La situación es aún más crítica fuera de la capital, donde pandillas han intensificado sus actividades en regiones como Artibonite, atacando a comunidades y agricultores. El ataque en Kenscoff es un indicador de cuán difícil resulta contener esta expansión.
Además, el informe de la ONU revela un incremento en la violencia sexual, con al menos 796 casos de violación relacionados con pandillas reportados en el segundo trimestre. Esta situación ha contribuido al clima de miedo y desconfianza entre las víctimas, que a menudo no denuncian por miedo a represalias.
La creciente violencia ha tenido repercusiones también en la respuesta militar; más de 800 personas han muerto o resultaron heridas en operaciones de seguridad, incluyendo el uso de drones explosivos. Sin embargo, las víctimas civiles en este contexto no han sido objeto de investigación por parte de las autoridades, lo que plantea serias preocupaciones sobre la cautela en la aplicación de la fuerza y la protección de la población.
Mientras tanto, la comunidad internacional espera un aumento en la presencia de fuerzas de seguridad para enfrentar esta crisis. Sin embargo, queda claro que el desafío del control de las pandillas ha evolucionado, y los nuevos métodos de resistencia de estos grupos plantean un riesgo creciente para la población civil en Haití, donde cerca de 1.47 millones de personas ya están desplazadas.
Fuente: ONU últimas noticias


