El verano asfixiante en Europa nos enfrenta a una dura realidad: el inicio de una nueva era climática. António Guterres, Secretario General de la ONU, ha declarado que «El Niño no está a la puerta, ya está dentro de la casa y subiendo la calefacción». Este fenómeno, que se manifiesta en las aguas del Pacífico, está desatando un efecto dominó que amenaza la salud, la economía y la paz global.
La Organización Meteorológica Mundial ha confirmado que un intenso fenómeno de El Niño está en desarrollo y que alcanzará su pico entre agosto y octubre de 2026. Las temperaturas en el Pacífico están casi 3 °C más altas de lo habitual, un récord sin precedentes. Junto a ello, las alteraciones climáticas provocadas por el «Dipolo del Océano Índico» están generando condiciones extremas: algunas zonas como África y el sur de Europa se preparan para inundaciones, mientras que en otras como el subcontinente indio y el Caribe, la sequía acecha.
Sin embargo, el calor y la sequía son solo una parte del problema. El cambio climático opera como un multiplicador de riesgos en un mundo ya vulnerable. En este sentido, Guterres advierte que hemos tratado cada ola de calor y cada incendio como tragedias aisladas, pero la actual crisis climática exige una respuesta sistémica. “El ensayo ha terminado”, remarcó, dejando claro que no se puede esperar a que la situación empeore para actuar.
El impacto de este «planeta en llamas» se hace sentir de manera aguda en los mercados y en la vida cotidiana de las familias más desfavorecidas. Guterres, tras su visita a Oriente Medio, describió una realidad desoladora: la escalada militar en el Golfo ha colapsado el comercio en el estrecho de Ormuz, llevándose por delante los precios de combustibles, alimentos y fertilizantes. Se estima que hasta 45 millones de personas podrían enfrentar inseguridad alimentaria aguda, exacerbada por la sequía histórica impulsada por El Niño y las interrupciones de la cadena de suministro a causa de conflictos bélicos.
Además, el calor extremo y el humo de los incendios están causando muertes silenciosas. Los devastadores incendios en España, Francia y Grecia han enseñado que no solo las llamas representan un peligro, sino también la calidad del aire. La OMS alerta que el humo puede viajar miles de kilómetros, poniendo en riesgo la vida de quienes padecen problemas respiratorios, así como de niños y ancianos, sin que ellos nunca lleguen a estar cerca del fuego.
Los efectos del calor extremo acentúan las desigualdades. Mientras que las clases más acomodadas pueden costear aire acondicionado y teletrabajo, miles de millones carecen de estas opciones. Trabajadores al aire libre, personas sin hogar, niños y ancianos son quienes más sufren. La OMS destaca que en la industria textil, más de 90 millones de trabajadores, en su mayoría mujeres, enfrentan jornadas laborales en condiciones cada vez más peligrosas.
Sin embargo, ante este escenario, la resignación no es una opción. Las decisiones que tomemos hoy definirán el futuro. La OMM está trabajando para que las predicciones climáticas lleguen a quienes las necesitan, y es fundamental que las ciudades adapten su urbanismo, protegiendo a las poblaciones vulnerables. La eliminación progresiva de los combustibles fósiles se presenta como una necesidad urgente, dado que cada nuevo proyecto de extracción contribuye a la crisis actual.
A nivel individual, es clave vigilar la calidad del aire, refugiarse en interiores durante olas de calor y proteger la salud respiratoria con medidas adecuadas. Adaptar la rutina diaria para reducir la actividad física en condiciones extremas también se vuelve esencial para salvaguardar la salud.
La lucha contra el cambio climático es una responsabilidad colectiva, y la acción inmediata se torna crucial para mitigar sus efectos devastadores.
Fuente: ONU últimas noticias


