En el sur y el este de África, la llegada de El Niño está dejando historias desgarradoras que reflejan la cruda realidad de millones de personas. En Zambia, Esnart Chongani, una agricultora, cuenta cómo la sequía del año pasado hizo que su familia no cosechara ni un grano de maíz. «No recuerdo nada igual», confiesa. La hambruna ha golpeado su comunidad, obligando a todos a luchar por su supervivencia. La situación es similar en Malaui, donde Martha Kalumbi describe cómo su bebé fue hospitalizado por desnutrición tras una cosecha fallida: «Tenía miedo de que mi niña muriera. La situación era muy dolorosa».
El fenómeno de El Niño, un patrón climático natural que provoca un calentamiento del océano Pacífico, alterará una vez más el clima en diversas regiones del mundo. Si bien no es un fenómeno nuevo ni es directamente causado por el cambio climático, este último agrava sus efectos. Los pronósticos indican que la intensidad de El Niño aumentará en los próximos meses, posiblemente extendiéndose hasta principios de 2027, una mala noticia para millones de personas en África.
En el este del continente, desde Somalia hasta Tanzania, El Niño generalmente trae lluvias excesivas, con inundaciones repentinas y daños a infraestructuras. En contraste, el sur de África sufre de sequías, lo que provoca la pérdida de cultivos y el secado de fuentes de agua. Las historias de madres y agricultores se entrelazan con una tragedia colectiva que subraya las vulnerabilidades de quienes dependen de la agricultura para su subsistencia.
Las inundaciones no solo agravan la inseguridad alimentaria, sino que también generan peligroso estancamiento de agua, facilitando la propagación de enfermedades como el cólera y aumentando los casos de malaria. Asha Mohamed, una madre de nueve hijos en Somalia, relata cómo las inundaciones la dejaron sin hogar y sin recursos para cuidar de su familia, resaltando el profundo impacto psicológico de estas crisis en las comunidades.
Sin embargo, hay razones para la esperanza. La buena noticia es que se puede predecir El Niño con meses de antelación, lo que permite a las agencias humanitarias adelantarse a la crisis. Desde 2023, se han movilizado fondos de «acción anticipatoria» que han beneficiado a millones en el sur y este de África antes de que los desastres ocurrieran. Estas estrategias incluyen la entrega anticipada de efectivo y semillas resistentes a la sequía, así como la mejora de sistemas de alerta temprana en países como Zambia.
Organismos internacionales como la FAO y el PMA están trabajando juntos para brindar asistencia a aquellos más expuestos a estos fenómenos, buscando llegar a 8,8 millones de personas en 22 países de alto riesgo. Como señala Tom Fletcher, responsable de la Oficina de Coordinación de la Ayuda Humanitaria, «la elección es clara: podemos esperar al desastre o podemos invertir en resiliencia». Para muchos, esta inversión puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte en un contexto donde la vulnerabilidad se hace cada vez más evidente.
Fuente: ONU últimas noticias


