Una de las novelas más demoledoras de 2008, que en su país, Francia, ha marcado sin duda un antes y un después. En Sida mental, Tran nos introduce en la mente de un niño, un adolescente y un joven, que son la misma persona, y, en pequeñas ráfagas –a veces casi escenas de una película, otras, una reflexión de una línea- nos va delineando su vida. Una vida que se nutre de violencia y de la que, por tanto, nacen frutos violentos: un niño que se deleita matando insectos, que se entrena para ser más fuerte que los demás, que sueña con matar gente.

Las historias nos llegan a modo de flashes, sin ningún orden ni sentido – lo mismo que la sociedad que retrata. Con un lenguaje a mitad de camino entre lo crudo, lo coloquial, y lo poético, la novela no deja títere con cabeza: arremete contra los políticos, los asistentes sociales, contra la derecha o contra cierto sector la “gauche” de finales de los 70 que se podía manifestarse por la paz en Palestina y, a la vez, abofetear a su hijo porque trae malas notas.

Una mirada acidísima sobre nuestra sociedad y, quizá, un intento de explicar los estallidos sociales de los barrios franceses en los últimos años. La comparan con Celine, o con Trainspotting de Irvine Welsh. Impactante.

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