‘Scream’, el cine autorreferencial

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Aunque no es fuente de muchas alegrias, tengo que decir que adoro el cine de terror. Actualmente parece que ya está todo inventado y la fórmula que se da es seguir dando vueltas a lo mismo sin mayor ambición que la de hacer pasar el rato. Entre los títulos destacados de los últimos años sobresalen, para mí, cintas como The Ring, Saw, The Descent o La Niebla, que en su momento todavía encontraron un nuevo camino que explotar y volver a dar miedo como antes.

De todos modos, me gustaría hacer émfasis en el excelente e imprescindible ejercicio cinematográfico que llevó a cabo Wes Craven a finales de los 90 con la trilogía de Scream, ya que lo que es un producto vulgar en apariencia en realidad es un maravilloso y profundo análisis del género de terror, sus códigos y los paradigmas que al estabilizarse lo han acabado ahogando.

Scream es un slasher en toda regla. Un psicópata que mata jovencitos y jovencitas como antes hicieron Jason, Chucky o mi favorito, Michael Myers. De hecho, la figura del malo es el primer y más simbólico homenaje al género, ya que el grito de la chica antes de ser asesinada es la máxima expresión del terror, y así quedaron grabados momentos míticos como los de Psicosis en la ducha. El malo, pues, es Ghostface, un disfraz diseñado a imagen del cuadro de Eduard Munch que a la postre se convertiría en la estrella de tantos carnavales.

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A partir de este personaje, Craven empieza a construir su propia mitología alimentándose de los tópicos ya establecidos, y lejos de esconderse se jacta de ello. Por ejemplo, sin ir mas lejos, la primera en morir es la chica tonta y rubia que está solita en casa en una secuencia que, por cierto, es de lo mejorcito que se ha hecho dentro del género en los últimos 15 años.

Así pues, la idea de Craven no es intentar sorprender ni innovar, sinó poner al descubierto una fórmula gastada y volver a hacer que respire aire fresco mediante el uso de una constante y evidente enunciación que enganchan como podría enganchar una tesis sobre el tema, sólo que añadiendo el factor espectáculo.

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Sobre las mismos cimientos crecen las obligadas Scream 2 y Scream 3, necesarias para terminar el trabajo empezado. Desde luego no tienen la fuerza de la primera, y como siempre la que flojea más es la segunda parte, el reencuentro con el asesino y casi banal episodio intermedio para una tercera parte con un regreso al pasado oscuro y la resolución final. Pero tampoco hace falta que lo cuente yo, si en las películas ya lo hace Randy, el friki del videoclub, con todo lujo de detalles.

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Mi objetivo con esta parrafada es hacer que todos aquellos que dicen que Scream es «una mierda» o es «lo típico», que lo he oído bastante, se paren a pensar en el asombroso trabajo analítico, creativo y catedrático que ha realizado uno de los grandes realizadores del cine de terror, Wes Craven.

Personalmente estoy deseando ver si con Scream 4 vuelve a realizar un trabajo del mismo calibre, abriendo las puertas a una nueva trilogía que serviría para indagar en la incansable continuidad de las sagas de terror con incontables partes (Viernes 13, Halloween, Hellraiser, etc.). Además aprovecho para recordar que estarán tanto Courtney Cox, como David Arquette y, sobretodo, Neve Campbell.

Desde aquí estaremos a la espera, a ver que sale.

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