Se dice que lo bueno, si es breve, es dos veces bueno, pero en literatura no tiene por qué ser siempre así. En algunas ocasiones, los grandes éxitos literarios de una época han sido, precisamente, grandes novelas de miles de páginas. Uno de estos ejemplos es Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin, que está triunfando entre aficionados a la lectura de todo tipo de edades. Es un ejemplo perfecto de novela río.

Este tipo de composiciones suelen ser obras compuestas por un conjunto de novelas, aunque también pueden ser de un sólo volumen, que desarrollan una historia plasmada en varios apartados, contados a lo largo de la narración, por distintos personajes. En el caso de Canción de hielo y fuego, lo podemos ver muy claro, ya que la novela está contada desde el punto de vista de varios personajes.

Un error común es confundir las sagas literarias con las novelas río. Por ejemplo, Mundodisco, de Terry Pratchet sería una saga compuesta por unas 38 novelas con distintos arcos argumentales. Lo mismo ocurre con Dune o Dragonlance, sagas muy conocidas por los aficionados a la literatura fantástica. Se diferencian de las novelas río en que las sagas se componen de episodios individuales ambientados en un mundo, pero no comparten la característica de la novela río de que confluyan en un punto.

Aunque una de las características de las novela río es su gran extensión y su distribución en varios volúmenes, esta no es su única característica, ya que se las denomina así no por la longitud, sino por el hecho de que las acciones confluyen en un mismo punto en la narración, como los afluentes en los ríos.

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Otras novelas río famosas a lo largo de la historia han sido En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust o La comedia humana de Balzac.