Es cierto que el auto termina de definir y diferenciar a cada hombre. Pero cuando éste se trata de un objeto único en el mercado, con cotizaciones que van más allá del precio material, ya que toma en cuenta el valor de la obra en sí como medio de expresión, seguramente adquiere un rótulo diferente.

Y este es el concepto que durante años ha manejado la empresa inglesa Rolls Royce Motor Cars. La misma fundada en 1906 por los visionarios Royce y Rolls, ha trascendido el primer siglo de vida, posicionándose entre las empresas más lujosas y exclusivas del mercado automotor.

La empresa se basa sobre pilares que la hacen única: exclusividad, personalización y buen gusto.

Por ello, se ha ganado un status inigualable a nivel mundial. Pasó de ser una marca de automóviles a ser un capricho de personas con poder adquisitivo elevado y una percepción única del arte hecho bien material.

Desde su emblema distintivo, “El espíritu del Éxtasis”, hasta la última combinación de detalles, lo hacen un producto único e irrepetible.

El valor de estos autos radica en la obra en sí, en el arte que ella encierra y en el mensaje implícito que desea transmitir.

Una clara imagen de poder, lujo y capacidad de adquisición, sin abandonar el glamour y el buen estilo inglés.

Una característica de las muchas propuestas de la compañía, es el formato típico, jamás abandonado a merced de las nuevas tendencias de marketing.

Una marca que se impuso con estilo propio.

Fuente: rolls royce motor cars

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