Los best seller son para los que leen en el metro

Hace un tiempo escuché en una tertulia de radio a un erudito en literatura –del cual no recuerdo el nombre- comentar, a modo más bien despectivo, que “los best seller son para los que leen en el metro”. Puede que lo dijese porque en metro o autobús no es posible concentrarse y las lecturas ligeras van mejor. Aunque por su tono, creo que iba por otros derroteros, tildando a la gente que lee best seller de poco culta.

Yo leo best seller, o superventas. Y viajo en autobús urbano. Pero también leo a Cortazar, Vázquez Montalbán, García Márquez y José Luis Sanpedro, entre otros. Y mis queridos libros de fantasía, por descontado.

Creo que a veces no hay que ser tan sectario. La cuestión es leer, disfrutar leyendo. Y leer todos los días, aunque sólo sea un par de párrafos. De jovencito me aficione a la lectura con los tebeos de Mortadelo y Filemón, y preguntaba a mi padre sobre el significado de alguna palabra que no comprendía. Mi bautizo literario fueron unos bocadillos de cómic. De ahí, a los libros, dónde si no.

Si cae un best seller en mis manos y me agrada –dándole unas páginas de tregua-, pues a leerlo. Y si tengo la mente tranquila me doy un gustazo bailando al son de la escritura-jazz del gran Julio Cortazar, o si estoy algo deprimido me tomo una pastilla Terry Pratchett, que no tiene contraindicaciones.

Leer. Creo que es lo importante. En mi humilde opinión, claro.

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