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Las fiestas y recreaciones históricas vuelven a la vida con más ánimo que nunca

España es un país con mucha historia a sus espaldas. Por nuestro territorio han pasado cartaginenses, romanos, íberos, cántabros, astures o franceses, por citar solo algunos de los muchos pueblos que han vivido aquí a lo largo de la historia. Todo esto ha dejado un gran legado de batallas y acontecimientos que en muchas ocasiones se recrean para el deleite de las personas. El problema es que con el Covid-19, todo esto se tuvo que parar, pero por suerte, parece que estas recreaciones históricas volverán a ser una realidad pronto, manteniendo la seguridad correspondiente.

Un futuro prometedor

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La Asociación Española de Fiestas y Recreaciones Históricas (AEFRH) nace en el marco del I Encuentro Nacional de Fiestas y Manifestaciones Históricas, celebrado en Cartagena en febrero del año 2000. La integran asociaciones, fundaciones, administraciones locales u otros organismos que organizan fiestas, espectáculos y recreaciones de carácter y argumento histórico y que tienen un elevado componente lúdico y cultural. Su objetivo es aunar esfuerzos y emprender proyectos de interés común. Sus finalidades son las de mejorar la calidad y enriquecer en todos los aspectos las fiestas y espectáculos que forman parte de ella, emprendiendo proyectos de promoción y difusión, estableciendo programas de contactos e intercambios, etc. La Asociación es además una plataforma de difusión a nivel internacional, ya que está integrada en la Confederación Europea de Fiestas y Manifestaciones Históricas (CEFMH) integrada por fiestas y celebraciones de Alemania, Bélgica, Eslovenia, Francia, Países Bajos, Hungría, Italia, Polonia, Portugal y España.

El calendario de recreaciones va desde el siglo VI antes de Cristo a la lucha contra Napoleón en el XIX, destacando especialmente las distintas guerras contra los romanos y las diferentes justas, festivales, encuentros, homenajes y bodas de la Edad Media aunque también hay hueco para celebraciones renacentistas, barrocas o napoleónicas. Por supuesto, todas ellas tienen una base histórica, pero los motivos son bien distintos. También muchas de ellas han sido declaradas Fiestas de Interés Turístico, ya sea Regional, Nacional o Internacional… y las que aún no lo son, pugnan por conseguirlo.

Revivir y revalorizar la historia

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Uno de los méritos de estas fiestas es poner en valor hechos poco conocidos de este país. Por ejemplo en Astorga se revive a las tribus adoradoras del río Estura (actual Esla) que se enfrentaron a los conquistadores romanos. En muchos otros lugares hay celebraciones parecidas, con los romanos como protagonistas… y muchas veces como perdedores (quién lo diría teniendo en cuenta que estuvieron 700 años por aquí). Los cartagineses en Cartagena, como es lógico; los iberos repartidos por toda la geografía nacional desde Jaén a Ourense, o las célebres Guerras Cántabras que marcaron el final de la presencia romana en Hispania, entre otras, recuerdan esa etapa de esplendor pero también de lucha.

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Una veintena de fiestas y recreaciones tienen como escenario la Edad Media y aunque, como en todas las celebraciones, hay una cierta parte bélica, aquí se trata de ambientes más festivos. Mercados de época, juegos malabares, exhibición de aves rapaces, abanderados, pasacalles, conciertos, bailes, venta de productos típicos y artesanía… y por supuesto, justas y torneos, tiro con arco, arcabuzazos, duelos con espada o lanza componen la parte bélica de la fiesta. Pero el aspecto más simbólico es la pacífica convivencia de moros y cristianos, de templarios y cruzados, de reyes y vasallos, de buenos y malos…

En las fiestas renacentistas y barrocas los protagonistas son los trajes, sombreros, capas, uniformes y joyas que visten sus participantes y por supuesto los cortejos, bailes, celebraciones religiosas y actos de bienvenida a reyes y obispos, princesas y santas, o incluso a grandes avances de la humanidad, como la curiosa fiesta El Sinodal de Aguilafuente, que celebra el primer libro impreso en España en 1472.

Manjares gastronómicos

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Como en todas las fiestas, también en las de carácter histórico, la gastronomía tiene un papel protagonista. En los mercadillos que se instalan en cada una de ellas es posible encontrar la artesanía típica de la ciudad o pueblos en que se celebra la fiesta, y también sus productos típicos: quesos, embutidos, vinos, mantecados, dulces… Es el momento ideal también para recrear los platos típicos de cada época y de cada lugar. Cómo no animarse a probar la típica “Olla de cerdo” medieval que recrean en varias localidades, elaborada a fuego lento con habichuelas, carne de cerdo, tocino, nabo, morcillas de cebolla, cardo, patatas y arroz; el menú “Cidiano” de Burgos con lentejas medievales, morcilla y chorizo asado, cochinillo asado, postre y queimada; o el ”Lechazo Asado al Horno de Leña” de las localidades castellanas con viandas acompañadas de sus vinos y sus postres caseros; o, en fin, los mariscos, pulpos y pescados de las diversas fiestas gallegas y del norte cántabro.

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Cómo resistirse a descubrir cómo sabía el garum romano, un manjar con base en pescados podridos, las gachas medievales o la adafina, un cocido de garbanzos elaborado con carne de cordero, popular entre los sefardíes presentes en España medieval, que bien puede ser el antecesor del cocido madrileño, la olla podrida de Castilla y León, la ropa vieja y el pote gallego y asturiano; el morteruelo, una especie de paté con sabor a caza de Castilla; los célebres Duelos y Quebrantos, que formaba parte del menú que solía comer Don Quijote según lo cuenta Cervantes: «Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos», o los sofisticados platos del Renacimiento, con una cocina fastuosa, estética en apariencia, sumamente elaborada y con una nueva concepción y que se nutrió de los hallazgos en tierras americanas, algunos tan simples como la patata y el tomate.

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Pero sin duda el principal mérito de las fiestas y recreaciones históricas es la implicación de la gente, el compromiso de los habitantes de los lugares donde se celebran, y también de quienes los visitan, por hacer que todo salga bien. Son miles de personas en cada una de ellas que pasan buena parte del año preparándolas, confeccionando a su costa los trajes y uniformes que lucirán apenas unas horas, ensayando los actos, los desfiles, las teatralizaciones… buscando la ambientación adecuada, confraternizando con los compañeros recreacionistas, ejércitos y grupos de baile con los que representar los personajes y hechos históricos que celebran, adornando sus balcones y sus calles… Y aunque este año, tal vez tengan que añadir a su indumentaria las mascarillas de rigor, que también serán coloristas, valdrá la pena apoyarles y disfrutar, como ellos hacen, de unas fiestas que recrean siglos de la historia de España.

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