Hay un truco que utilizan muchos ciudadanos de a pie para minimizar sus vicios y es excusarse diciendo que tal o cual famoso es aun peor. Desde LujoVIP queremos ayudaros a que vuestras excusas sean más creíbles relatando algunas de las adicciones más importantes de los grandes personajes de nuestra historia.

Si hace días recordábamos el triste suceso de la prematura muerte del actor River Phoenix, hoy queremos referirnos a la historia del gran escritor estadounidense Truman Capote. Seguro que muchos le recordáis por ser el autor de dos de las novelas más importantes de la literatura norteamericana del siglo XX: “Desayuno en Tiffany’s” y “A sangre fría”.  Con esa última, Capote marcó un antes y un después en la literatura inaugurando un estilo conocido como “novela de no ficción”.

Se trataba de llevar el estilo del relato periodístico a la novela, buscando una mayor verosimilitud en la narración, con la que lograr impactar al lector. Y Capote lo logró, tras múltiples esfuerzos de reelaboración y retoques estilísticos como el mismo contó a posteriori en sus entrevistas.

Pero Capote, además de un gran escritor, fue un gran bebedor. La vida social neoyorquina exigía ( y exige) una constante presencia en fiestas, eventos y saraos  varios. Y Capote no era de aquellos que se tomaba una y para casa “que mañana madrugo”. No. Famosas son sus borracheras y sus disputas con amigos y conocidos.

La fama creciente del escritor no colaboró en reducir su adicción al alcohol y, poco a poco, fue transformándose en un problema que acabó afectando también a su obra. Su gran exigencia para con su obra literaria le hizo empinar el codo cada vez con más asiduidad. Si eso añadimos fármacos antidepresivos ya tenemos el explosivo cóctel que acabaría con su vida a la edad de 60 años.  Capote se fue, pero como diría el difunto Joaquín Luqui, “nos queda su música”… O en este caso, su literatura.

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