Si el otro día hablábamos de los anaglifos, hoy traemos una composición literaria aún más breve y pero más extendida entre los aficionados a la literatura como es el haiku japonés.

Estos pequeños poemas están compuestos por tres versos que, generalmente están repartidos en cinco, siete y cinco sílabas respectivamente, sin rima. El haiku está relacionado siempre con la naturaleza y suele contener una palabra clave que indica a qué estación del año se refiere.

La estructura del haiku, a pesar de ser tan breve, es muy compleja: cada uno cuenta con  una cesura – pausa – que divide el haiku en dos imágenes que contrastan entre sí. Esta composición destaca por su espiritualidad y la filosofía que encierra en muy pocas palabras.

Como ejemplo, un texto de Yosa Buson, uno de los haijin (escritor de haikus) más importantes de Japón:

Lluvia de primavera
pobre de aquel
que nada escribe.

En ocasiones, los haiku están acompañados de haiga, un pequeño dibujo que realiza el poeta para plasmar y realzar la idea del poema. El primero en hacerlo fue Matshuo Basho y desde entonces, muchos otros adoptaron esta tradición, enriqueciendo aún más la belleza de estos fragmentos de literatura.

Las vicisitudes de la vida
tristes, para convertirse finalmente
en un brote de bambú.

Los haikus han influido notablemente en los poetas de otras culturas, sobre todo a partir del siglo XIX y muchos escritores europeos o latinoamericanos han cultivado este género adaptándolo a su propio idioma. Así, Mario Benedetti publicó Rincón de haikus, un poemario en el que incluyó más de doscientas composiciones de este tipo. Entre ellas, una de las más conocidas:

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Cuando me entierren
por favor no se olviden
de mi bolígrafo