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El Mar que nos Mira: cantos de cisne

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Cuando Akira Kurosawa muere en 1998 deja inconcluso un proyecto de película para el cual había escrito ya el guión. Había dejado mucho más; como un cuaderno con notas de producción e, incluso, dibujos para el guión gráfico. En el año 2002 se estrena El Mar que nos Mira dirigida por el director japonés Kei Kumai, que, había sido elegido, entre otros candidatos, por la familia de Kurosawa.

La verdad es que pese a lo que he leído en internet -opiniones contrarias- a mi me gustó mucho y creo que Kumai se muestra respetuoso en todo momento con la intención y la estética originales de Kurosawa. Una ambientación en la época Edo japonesa (siglo XIX para entendernos) llena de refinamientos y ceremonias, y que se nos presenta maquillada con un colorido espectacular, una alegría visual que contrasta con las vidas que son retradas en el film.

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A Kurosawa siempre se le recordadrá por lo bien que cuidaba y representaba a los personajes masculinos en sus películas. El maestro japonés, consciente de ello, quiso con este proyecto, desmentirse a sí mismo y demostrarse que también él podía realizar una historia femenina, donde las mujeres fueran las protagonistas, con sus problemas cotidianos, sus celos y envidias, sus amores y su deseos y anhelos de futuro y de una vida mejor, más desahogada.

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Uno no puede sino encariñarse hasta la médula de estos personajes tan sencillos y cautivadores a un tiempo. No solo las mujeres protagonistas, porque en realidad la verdadera protagonisa del film es la femeneidad, así, en general, sino que también acaba el espectador por prendarse de la actitud de esos hombres buenos que deciden permanecer al lado, o por lo menos lo quieren y lo proponen, de esas mujeres.

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Por poner alguna pega, la música, que salvo el amable momento en que una de las protagonistas tañe un shamisen con una melodía minimalista, chirría por todas partes. Esto es porque se usan músicas ajenas (algunas occidentales e incluso de época posterior) a la historia y que bien lejos quedan de ilustrarla adecuadamente.

Como curiosidad, mencionar que esta película tiene la particularidad de que fue la última de Kumai, que fallecería en 2007. Así pues, con un guión póstumo de Kurosawa, Kumai firmó su obra póstuma. Paradójico… quizás el Destino, que es caprichoso, lo quiso así.

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