El Deporte como Oportunidad: La Historia de los Refugiados en Uganda

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Más allá de la cancha: Los refugiados en Uganda convierten el deporte en oportunidad

Cuando Stephane Kulimushi, de 19 años, observa la cancha de baloncesto en Kampala donde entrena a jóvenes refugiados, su mirada va más allá de los simples jugadores. Ve a chicos y chicas que, como él, han llegado a Uganda tras escapar de la inseguridad en la República Democrática del Congo. Muchos de ellos luchan por continuar sus estudios y sueñan con un futuro en un entorno donde la vida puede ser desafiante.

Stephane conoce de primera mano los obstáculos que enfrentan los refugiados. «Al llegar aquí como refugiado, me encontré con muchos desafíos», comentó. «Vi lo fácil que es para un joven refugiado perder el control de su futuro». Para muchos de estos jóvenes, la idea de un reasentamiento en el extranjero puede parecer la única salida, aunque este proceso puede tardar años, incluso décadas, dejando a muchos en un limbo sin acceso adecuado a la educación ni oportunidades laborales.

Fue esta realidad la que inspiró a Stephane y a su equipo a buscar un cambio tangible. En 2020, fundó la Academia de Baloncesto para Refugiados (RBA), un proyecto que empodera a jóvenes refugiados y marginados a través de la práctica deportiva, la mentoría y la educación. Con la formación en emprendimiento que recibió de la Fundación Cosmo, lograron convertir una visión en un programa que ha beneficiado a más de 100 jugadores.

La academia no solo organiza entrenamientos y torneos, sino que también ofrece sesiones de mentoría y ayuda a los jóvenes a conectar con escuelas y otras oportunidades a través de grabaciones de sus partidos. Hasta la fecha, siete jóvenes han conseguido becas gracias a este esfuerzo.

Sin embargo, para Stephane, el objetivo trasciende la creación de buenos atletas. «No solo formamos jugadores de baloncesto; formamos líderes», afirma con firmeza. Sus días están repletos de actividades: se levanta temprano para entrenar, asiste a la universidad y vuelve a la cancha para orientar a los más jóvenes. En este espacio, se crea una estructura que aporta confianza y un sentido de pertenencia.

Para muchos de estos adolescentes, que han vivido períodos de guerra o desplazamiento, el baloncesto les ofrece una sensación de calma en medio del caos. «Cuando estamos aquí, sentimos paz», expresa uno de los jóvenes. Stephane también tiene grandes aspiraciones para el futuro de la academia, deseando expandirla a otras comunidades y campos de refugiados en Uganda, asegurando que más jóvenes tengan acceso a programas de formación y apoyo educativo.

Además, desea cambiar la percepción que los jóvenes refugiados tienen de sí mismos, enseñándoles que no son solo personas que esperan ayuda, sino individuos con habilidades y futuros valiosos que merecen ser invertidos. «Estamos dejando nuestras casas, pero llevamos el talento con nosotros», reflexiona.

Apasionado por el liderazgo juvenil y el desarrollo sostenible, Stephane está decidido a contribuir a la Agenda 2030 mediante el deporte, la educación y el acompañamiento. En el marco del Día Mundial de los Refugiados, su mensaje es claro y esperanzador: ser refugiado no debería considerarse como el fin de los sueños de alguien, y en la cancha de baloncesto, esos sueños pueden resurgir con fuerza.
Fuente: ONU últimas noticias