La creciente preocupación por la salud mental de los adolescentes ha llevado a replantear las estructuras educativas tradicionales, especialmente en momentos críticos como el Bachillerato. En respuesta a esta necesidad, el Colegio Guzmán el Bueno ha implementado una modalidad de Bachillerato a distancia, autorizada por la Comunidad de Madrid, que permite a estudiantes desde los 16 años continuar su formación en circunstancias excepcionales.
Este enfoque está dirigido a aquellos jóvenes que enfrentan problemas de salud mental, como ansiedad, depresión o trastornos de la conducta alimentaria, y que, debido a sus situaciones personales, no pueden asistir a clases de manera regular. El objetivo es mantener su progreso académico mientras reciben la atención terapéutica necesaria, evitando así la desconexión educativa durante procesos de recuperación.
La modalidad de Bachillerato a distancia combina el acceso a una plataforma de aprendizaje disponible las 24 horas con un sistema de tutorías personalizadas. Esto permite un seguimiento continuo y una organización que se adapta al ritmo individual de cada estudiante. Roi Álvarez, director del Colegio Guzmán el Bueno, destaca que «el mayor riesgo aparece cuando un joven siente que, además de afrontar un problema de salud mental, también está perdiendo su futuro académico». Por ello, la institución se esfuerza por evitar que los alumnos sufran una doble ruptura y demuestra que es posible continuar aprendiendo mientras se enfrenta a dificultades personales.
El nuevo modelo ofrece la opción de matricularse únicamente en las materias necesarias, facilitando la coordinación del trabajo académico con profesionales de salud mental, hospitales u otros recursos asistenciales. Así, se busca una respuesta integral centrada en las necesidades de cada estudiante.
Desde el colegio subrayan que esta flexibilidad no conlleva una menor exigencia académica, sino que se trata de una adaptación metodológica que permite a cada alumno avanzar a su propio ritmo, sin perder el contacto con su educación. «Cada alumno vive una realidad distinta. Creemos que la educación debe ser suficientemente flexible para acompañar a quienes atraviesan momentos especialmente complejos, sin que eso suponga renunciar a sus expectativas académicas o universitarias», concluye Álvarez, reafirmando el compromiso del centro con el bienestar y el futuro de sus estudiantes.


