El 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer. Se trata de una fecha en la que se llevan a cabo numerosas sesiones informativas, iniciativas y ayudas para enfermos y familiares. Aprovechando esta fecha, el comparador Acierto ha realizado un informe donde se muestra como el número de enfermos aumenta cada año. En ese informe también se explica cómo afecta esa patología a familiares y cuidadores.

Según los datos recabados, en España hay unos 800.000 afectados por esta enfermedad neurodegenerativa y que supone el 41% de los dependientes. Conocer a tiempo en qué situación se encuentra el paciente permite trazar un plan de actuación en las primeras fases de la enfermedad.

El deterioro cognitivo es el síntoma más inmediato y el que más alarma al paciente, siendo la principal causa de visita al especialista. Por desgracia, el 80% de los casos leves que ya se están produciendo, aún no han sido diagnosticados.

El papel de la familia y las instituciones

En el informe también se desvela la importancia del papel de la familia en el cuidado de los afectados. Y es que 8 de cada 10 encuestados afirma que son los familiares los que más ayudan a las personas con Alzheimer y demencias en general. Le siguen las asociaciones y las empresas. Respecto a los organismos públicos, más de la mitad opina que su apoyo es insuficiente. Asimismo, los familiares de estos pacientes suelen solicitar más servicios de ayuda a domicilio

Y no es de extrañar si tenemos en cuenta la sobrecarga física y emocional que el cuidador soporta a diario. Un punto en el que el seguro de salud puede constituir un buen apoyo. Ahora bien, debe contar con las coberturas apropiadas. De hecho, son muy pocos los seguros que cubren el Alzheimer y, en este caso, estaríamos hablando de un seguro específico contra enfermedades graves, contratado previamente al diagnóstico de la enfermedad. Además habría que tener en cuenta el límite de edad.

Los síntomas del Alzheimer

El alzheimer se muestra a través de diferentes conducta y emociones El deterioro cognitivo es el síntoma más reconocible, más aún cuando la persona se vuelve olvidadiza. En todo caso, existe un decálogo de signos de alarma que pueden servir como referencia:

  1. Cambios de memoria que dificultan la vida cotidiana: no es un simple olvido, es necesitar que se repita constantemente una información que no se logra retener.
  2. Dificultad para planificar o resolver problemas: problemas sencillos del día a día, como seguir una receta de cocina.
  3. Dificultad para desempeñar tareas habituales en la casa, en el trabajo o en su tiempo libre: a una persona afectada de alzheimer le cuesta, por ejemplo, aprender las reglas de un juego.
  4. Desorientación: hay un desajuste cognitivo respecto al tiempo y el espacio. Hay ciertas lagunas en este sentido para el enfermo, que puede no recordar cómo ha llegado hasta un lugar o no saber en qué día vive.
  5. Dificultad para comprender imágenes visuales y cómo objetos se relacionan uno al otro en el ambiente: les impide reconocer colores, leer o calcular distancias.
  6. Problemas con el uso de palabras en el habla o en la escritura: les cuesta recordar algunas palabras y seguir el hilo de una conversación. Repetir muchas veces lo mismo es otro síntoma, en este sentido.
  7. Colocación de objetos fuera de lugar y la falta de habilidad para volver sobre sus pasos: les cuesta reconstruir lo que acaba de pasar y recordar dónde han dejado un objeto; normalmente porque la falta de memoria les hace dejarlo en un lugar distinto al habitual.
  8. Dificultad en la toma de decisiones: también pueden experimentar cambios de juicio y de comportamiento.
  9. Afectados y retraídos: disminuye su actividad, se vuelven cada vez más pasivos en todos los ámbitos de su vida.
  10. Cambia su manera de ser: pueden enfadarse con más frecuencia, sentir ansiedad, temor y otras emociones negativas.
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Cómo se comporta un enfermo de Alzheimer

Los cambios en la conducta y el comportamiento son, junto al deterioro de la memoria y de la capacidad cognitiva, las muestras más evidentes de la presencia de esta enfermedad degenerativa.

El cambio de comportamiento del enfermo, se achaca a la muerte de las células cerebrales provocando que parezca otra persona. Es cerebro no es capaz de funcionar bien, por lo que el enfermo actúa de una manera inusitada. Por otra parte, existen otro tipo de de señales en relación al comportamiento del enfermo como deambular constantemente, malinterpretar lo que se ve y se escucha, enfadarse o irritarse con mucha facilidad, creer que sus cosas han sido escondidas o incluso actuar con violencia física y comportamientos sexuales inapropiados.

El Alzheimer afecta al estado de ánimo del enfermo, mostrándose, con frecuencia, similar al de una persona afectada de depresión: suelen mostrar falta de interés en las cosas y tristeza. También ansiedad, miedo al salir de su zona de confort o cambiar una rutina, y estrés.

¿Hay alguna forma de prevenirlo?

Una vida saludable puede ayudar a reducir hasta en un 40% los casos de Alzheimer. Son hábitos que se han de incorporar al día a día para poder disfrutar de un envejecimiento con salud.

  1. Actividad física: ayuda al buen mantenimiento de la función cognitiva y, por tanto, puede ayudar a retrasar la aparición de la enfermedad.
  2. Actividad social: una buena función cerebral también depende de una autoestima alta. Esta está directamente relacionada con la sensación de permanencia al grupo y con los vínculos sociales y afectivos.
  3. Actividad mental: ni más ni menos, utilizar el cerebro lo máximo posible para asegurar una correcta función cognitiva por más tiempo.
  4. Prevención del riesgo cardiovascular: además de agravar los síntomas, los riesgos cardiovasculares pueden ser responsables, en parte, del deterioro mental.
  5. Buena alimentación: básicamente, mediterránea, por ser rica en antioxidantes, vitamina C y E y omega 3. El pescado es especialmente importante. Según algunos estudios, reduce en un 60% el riesgo de padecer Alzheimer, si se consume al menos una vez a la semana.
  6. Fomentar la reserva motivacional: tristeza y deterioro cognitivo pueden ir de la mano. Es importante evitar etapas prolongadas de bajo estado anímico y resolverlas.
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