Las dedicatorias de los libros son algo fundamental que muchas personas no leen. A veces son una declaración de intenciones y otras, simple agradecimiento. El momento en el que un escritor decide a quién va a dedicar esa obra es un momento clave e íntimo, pero a la vez, un reconocimiento público que perdurará hasta el fin de los tiempos.

Desde ese momento, todos los lectores conocerán un pequeño secreto: un amor, una amistad, un favor concedido… y esto quedará escrito para siempre en el libro. Hay dedicatorias sencillas, que sólo nos revelan un nombre y otras que son tan hermosas que merece la pena leerlas con pausa antes de iniciar la lectura.

Una de las más bellas es la que escribió el autor de El Principito, Antoine de Saint Exupery, al comienzo de este maravilloso libro. Sin duda, una de las mejores dedicatorias que una persona puede recibir.

A León Werth

Pido perdón a los niños por haber didicado este libro a una persona grande. Tengo una seria excusa: esta persona grande es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona grande puede comprender todo; hasta los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona grande vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo. Si todas estas excusas no fueran suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo. Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan.) Corrijo, pues, mi dedicatoria:

A León Werth
cuando era niño
(El principito, de Antoine de Saint Exupery)
¿Hay alguna dedicatoria que hayas leido y que te haya gustado especialmente? ¿Por qué no la compartes con nosotros?
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