‘Cisne Negro’, el salvaje interior

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Si Darren Aronofsky tuviera que dejar un legado en forma de cita, de la misma manera que Kubrick se despidió con un catártico “fuck” (Nicole Kidman, en Eyes Wide Shut, 1999); no habría mejor final que el “that was perfect” con el que se cierra Black Swan, la sentencia que mejor define la mejor obra del todavía joven director estadounidense hasta la fecha.

Con Black Swan Aronofsky completa un díptico, junto con The Wrestler (2008) sobre el salvaje interior, la fisicidad y el culto al cuerpo. The Wrestler resultaba fascinante por la expresividad del cuerpo mermado de Mickey Rourke, una elección nada gratuita porque era un actor que había entrado en un proceso autodestructivo, ex-alcohólico, boxeador aficionado y sometido a varias operaciones estéticas que le han ido deformando la cara.

En Black Swan el concepto es el mismo, pero con una complejidad mucho mayor debido a la exigencia artística de filmar el ballet, una danza que unifica la belleza más pura con un sacrificio terrible, debido a la exigencia física y a la presión psicológica exterior.

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Aronofsky aprovecha El Lago de los Cisnes para conducir la historia y sumergirnos en la mente de Nina (Natalie Portman), la bailarina elegida por interpretar tanto al cisne blanco, símbolo de gracilidad e inocencia, como al cisne negro, la sensualidad y el descaro. Nina es el paradigma del cisne blanco, pero la exigencia del papel le obliga a fundirse con el personaje del cisne negro y transformarse en él,  en un ejercicio interpretativo extremadamente exigente en el que Natalie Portman arrolla con un despliegue de talento descomunal y de una carga dramática inigualable transmitida a través de la expresión corporal.

Gracias al poderío visual que atesora, Black Swan se aleja del típico melodrama entre bambalinas y se convierte en una pesadilla morbosa y sensual llena de histeria y locura, una mezcla de irrealidad y excesos en la que la tendencia al artificio que suele tener Aronofsky encuentra una plena justificación y amparo en una dirección artística tan deslumbrante como perturbadora que incluso es capaz de alcanzar cotas enervantes de absurdidad y descontrol, pero gente, precisamente de esto va la película.

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