A cien días de la declaración del brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC), la situación se ha deteriorado drásticamente, con un aumento exponencial de la enfermedad que ya abarca un territorio mayor que el de Francia. La respuesta humanitaria, sin embargo, no ha avanzado de manera paralela, según alertó la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de la ONU. En los últimos tres meses, el brote ha cobrado la vida de 2,500 personas, de las cuales más de la mitad han fallecido en los últimos 20 días, según lo informado por el coordinador de la respuesta al ébola, Julien Harneis, desde Bunia, en el este del país.
La epidemia se desarrolla en un contexto de tres décadas de conflicto en la región, lo que ha resultado en enormes necesidades humanitarias y un sistema sanitario profundamente fragmentado. Solamente en la provincia de Ituri, donde el conflicto ha desplazado a más de un millón de personas desde 1999, las estructuras de salud han sido notablemente debilitadas. A esto se suma que los recortes en la ayuda internacional en los últimos años han disminuido la capacidad operativa de los trabajadores humanitarios en más del 30%.
Las condiciones en el terreno no solo complican la respuesta frente al brote, sino que también han puesto a los trabajadores de la salud en grave peligro. Se han reportado 160 casos de contagios entre ellos, con 43 muertes por ébola, además de haber sido blanco de más de 260 ataques en el último medio año, de los cuales ocho han resultado en fallecidos. Recientes incidentes han estado dirigidos específicamente contra quienes participan en la respuesta al ébola, especialmente en comunidades mineras y entre grupos de jóvenes.
El contexto también presenta desafíos logísticos considerables. Ambulancias han sido atacadas, y desplazamientos que normalmente tomarían poco tiempo se han prolongado hasta tres horas. A esta complejidad se suma un sistema bancario frágil y la falta de coordinación entre múltiples sistemas de salud. El cierre de vuelos comerciales a Bunia al inicio del brote ha dificultado el movimiento de dinero, lo que ha exacerbado la situación financiera para las operaciones de salud pública en la región.
Para abordar esta crisis, la ONU está intentando acelerar la respuesta mediante cinco paquetes coordinados con el Gobierno congoleño, que incluyen a diversas agencias y organizaciones no gubernamentales. El objetivo es mejorar la participación de las comunidades, aumentar la vigilancia sanitaria y triplicar la capacidad de hospitales, pasando de 900 a 3,000 camas en los próximos tres meses. Hasta ahora, se han destinado 80 millones de dólares para estas iniciativas, pero los recursos están a punto de agotarse. Harneis subrayó la urgencia de una mayor inversión y apoyo internacional para hacer frente a esta situación alarmante.
El futuro del brote dependerá de las decisiones que se tomen en el presente. Con más recursos y personal para llegar a las zonas afectadas, es probable que la transmisión de la enfermedad se frene en cuestión de meses. Sin embargo, si no se logra el apoyo necesario, el brote podría volverse más letal y expandirse a países vecinos, lo que ya ha llevado a implementar medidas de preparación en Sudán del Sur, República Centroafricana, Burundi y Uganda.
La vacunación es un recurso importante, aunque insuficiente por sí sola. Se han facilitado 50,000 dosis de la vacuna contra el ébola a trabajadores de primera línea, y se planea un ensayo clínico para analizar su efectividad contra el virus Bundibugyo. Sin embargo, se enfatiza que el trabajo con las comunidades es fundamental. Para contener la epidemia, es necesario aumentar el número de trabajadores, así como los materiales y recursos disponibles en la región.
Fuente: ONU últimas noticias


