Unas declaraciones de Manolo Escobar de hace días sobre la muerte del pintor catalán Antoni Tàpies llamaron mucho la atención. Venía a decir que cualquier buen burgués catalán debía tener un Tàpies y lo presentaba con esta anécdota: “Soy de la burguesía de Barcelona”, dice uno. “¿Y dónde tienes colgado el Tàpies?”, pregunta otro.

Sin duda alguna Tápies ha sido uno de los pintores más importantes de la historia del arte español de vanguardia. Como muchos de sus colegas Tàpies comenzó realizando una pintura realista que, poco a poco, fue virando hacia un surrealismo influenciado por Miró, entre otros. Esto cristalizó en su paso por el grupo Dau al Set.

Más tarde empezó a recorrer su verdadero camino, iniciando su etapa abstracta, que ya no abandonaría. Su gusto por investigar la materia pictórica le llevó a realizar cuadros que se pueden incluir en el denominado “art brut” por su manera de tratar las superficies, acudiendo a materiales de desecho o reciclados. Conocidas son sus obras caracterizadas por una apariencia rugosa y casi violenta. Más adelante incluiría en muchas de sus pinturas las célebres grafías recordando a los populares grafitis.

A mediados de siglo el informalismo y la abstracción fueron imponiéndose en todo el mundo gracias a pintores como Jackson Pollock. La fama de Tàpies traspasó fronteras  y sus obras comenzaron a ser muy cotizadas. De todos es sabido, el alto precio que puede alcanzar los cuadros en las subastas y muchas pinturas de Tàpies se convirtieron en piezas de lujo.

Así que si eres un amante del arte y no sabes qué hacer con esos cientos de miles de euros que te sobran, acude a alguna subasta de arte contemporáneo y hazte con un Tàpies. Ya lo dice Manolo Escobar con fina ironía: “Es vergonzoso coleccionar arte español y no tener un Tàpies”.

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