La convulsa realidad de Irán en los últimos treinta años a través de la mirada lúcida, diversa, desgarrada pero sobre todo humana y humanista de Bahman Jalali. Este podría ser un buen titular de lo que pudimos ver en la , hasta el pasado 30 de Diciembre. Una cita ineludible para entender mejor no sólo los conflictos por los que es más conocido, desgraciadamente, el país del artista, sino también la vertiente vital menos conocida por el visitante, el día a día, la realidad alejada de las bombas y las guerras.

El recorrido de la muestra se plantea en torno a diferentes núcleos temáticos. Comenzamos con imágenes amables sobre el mundo marítimo iraní, la convivencia de Jalali con pescadores que llevan impresa en el rostro la dureza de su trabajo, pero que no pierden la sonrisa delante del objetivo implacable del artista. De esta sucesión de estampas cotidianas, pasamos a los estudios del fotógrafo sobre la llamada arquitectura del desierto, esto es, las formas orgánicas, totalmente integradas en la naturaleza, de inaudita simplicidad y belleza, emplazadas en el desierto iraní. Jalali nos sigue mostrando la devoción por los paisajes de su tierra, y su progresiva degradación, con la mirada melancólica de la serie de fotografías tomadas en la ciudad portuaria de Bushehr. De la belleza vacía de estos parajes nos sumergimos en el dolor de la guerra con Días de sangre y fuego, otro de los monográficos del autor, esta vez centrado en el conflicto entre Irán e Irak, que culmina con las visiones de la sitiada y derruida ciudad de Khorramshahr. La importante faceta de compilador de la historia iraní de Bahman Jalali también se nos muestra aquí, con la recuperación de archivos de estudios fotográficos como el de Chehrenegar, que de otra manera hubiesen caído en el olvido. Por último, la exposición culmina con las llamadas Imágenes de la imaginación, ya de esta década, una serie de montajes fotográficos mezclando los documentos de los archivos mencionados con las más novedosas técnicas actuales.

La mirada de Jalali es, en definitiva, un descubrimiento para los legos en la materia. Una mirada fresca, documentada en el tiempo, muy completa y sin edulcorar sobre un país, Irán, que aún hoy en día es mencionado solamente por las guerras y las bombas, pero que también posee una cara humana, muy rica en matices y totalmente por explorar.

La cosmopolita ciudad del Puerto de la Cruz está situada al Noroeste de la isla de Tenerife, al pie de la cordillera de Anaga, que desciende en una suave pendiente desde las montañas hasta llegar al mar. En su origen, poblado de pescadores que fue creciendo a medida que se incrementaba el comercio de los productos locales. En el siglo XIX la naviera inglesa “Yeoward Line”, construyó un nuevo muelle para la exportación. Con aquellos mercantes comenzaron a arribar los turistas británicos, buscando el agradable clima que goza este lugar.
Una vez más visito esta hermosa isla. Aquí todo es sorprendente, siempre descubro algún lugar que dejé pasar la vez anterior. De esta forma, pude averiguar que mi admirada escritora Agatha Christie escogió como retiro temporal la ciudad del Puerto de la Cruz. Desde entonces me invade la curiosidad, a la vez que, la intriga por visitar esos enigmáticos lugares hasta ahora desconocidos para mí.
