Andy Serkis, el hombre que siempre estuvo allí

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Steven Spielberg, mientras repartía agradecimientos por el Globo de Oro a la mejor película de animación por Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio, se refirió a Andy Serkis como “el hombre de las mil caras digitales”, debido a que es un actor al que no acostumbramos a verle la cara porque sus papeles más conocidos los ha interpretado embutido en un traje de captura de movimiento. Este 2011 ha protagonizado Las Aventuras de Tintín y El Origen del Planeta de los Simios, dos de los estrenos más importantes del año, siempre cediendo su cuerpo, su voz y su gesto a un personaje recreado digitalmente.

Su trabajo con el personaje de César, el líder de la rebelión simiesca, es especialmente extraordinario por la extrema dificultad que supone encontrar el equilibrio gestual para interpretar a un chimpancé que progresivamente se va abandonando su condición salvaje y se va convirtiendo en algo parecido a un ser humano.

El cambio de César implica un abanico importante de matices físicos. La posición curvada del movimiento del simio que aprende a moverse como un hombre implica una evolución minuciosa en la postura de los brazos, las piernas y el torso, que poco a poco van encontrando la línea vertical a la vez que el animal va tomando consciencia de sí mismo y tiene que demostrarlo con su gesto facial.

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Cierto es que los reveladores ojos de César y las expresividad de sus facciones son producto de creación digital de un cuerpo que no existe, pero moldeado sobre el trabajo de un actor que ha creado con su cuerpo un personaje complejísimo cuyo valor está muchos escalones por encima, por ejemplo, de los homínidos disfrazados de El Planeta de los Simios original e incluso de los simios de la versión de Tim Burton, que al fin y al cabo se movían únicamente como primates primitivos.

Existe el debate sobre si Andy Serkis debe o no estar nominado al Oscar como mejor actor de reparto, si realmente la captura del movimiento es una especialidad interpretativa. Obviamente hay que ponderar el mérito del actor y de los responsables de efectos especiales a la hora de otorgar el mérito del personaje, ya que este tipo de animación es de mérito compartido.

Sin embargo, es una modalidad que cada vez será más extendida, sobre todo si la industria de Hollywood quiere explotar el 3D en la animación de este tipo. A la Academia americana se da bastante mal reconocer los cambios, pero soy de la humilde opinión de que valdría la pena aprovechar la oportunidad de premiar con un Oscar a un actor pionero que, entre muchos otros, ha dado el personaje más emblemático de la historia reciente del cine, como es el Gollum de El Señor de los Anillos, y que, como dijo Spielberg, tiene mil caras digitales; pero el caso es que el hombre que siempre estuvo allí, detrás de todas ellas, era el mismo y merece más reconocimiento que ningún otro.

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