Los terremotos que azotaron Venezuela el 24 de junio han dejado una devastación económica extremadamente preocupante, con daños estimados en 37.000 millones de dólares, según un informe preliminar de la Oficina de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres. Esta cifra incluye aproximadamente 24.000 millones de dólares en daños a edificaciones y otros 13.000 millones en infraestructura. En términos de infraestructura, las telecomunicaciones son las más afectadas, con pérdidas que ascienden a 5.000 millones de dólares, seguidas de los sectores energético y de carreteras. Sin embargo, esta cifra no refleja el impacto de la interrupción de servicios ni la pérdida de actividades económicas, lo que sugiere que el costo total del desastre podría ser incluso mayor.
A medida que se desarrolla la situación, las autoridades están enfocados en brindar asistencia humanitaria a las familias que han quedado sin hogar. En La Guaira, la región más afectada, se reporta que muchas personas aún duermen al aire libre o en espacios públicos debido al temor a nuevos deslizamientos de tierra. A nivel nacional, se han establecido 46 campamentos temporales que albergan a más de 11.500 personas, mientras que los refugios principales en La Guaira están aumentando su capacidad para recibir a más afectados.
La situación es desesperante; Esther Vilera, quien se encuentra refugiada en el campamento del Estadio de César Nieves en La Guaira, expresó: “Gracias a Dios ahorita nos han ayudado mucho de muchos países […] porque ya muchas personas quedaron sin hogares”. En el estadio, se están habilitando áreas de sombra y espacios para la atención humanitaria, aunque persisten serias necesidades de agua potable, alimentos, atención médica y apoyo psicológico. La llegada de plantas portátiles de tratamiento de agua es un alivio, pero las carencias en higiene y saneamiento siguen poniendo en riesgo la salud pública.
Reinalis Esteves, otra afectada por el terremoto, compartió su experiencia, lamentando las condiciones en las que vive actualmente: “Vivir en la calle no es lo mismo que en tu casa. Aquí nos pican los mosquitos… Tengo mi primito que lo pican en todo el cuerpo”. La crisis va más allá de la falta de vivienda, ya que la escasez de servicios básicos está afectando la calidad de vida de quienes han sobrevivido a la catástrofe.
Además de la situación en Venezuela, fenómenos climáticos como El Niño están generando preocupaciones en América Latina, elevando el riesgo de calor extremo y sequías en diversas regiones. La Organización Meteorológica Mundial ha alertado sobre el desarrollo rápido de este fenómeno, que se prevé será intenso entre julio y septiembre. Esto podría agravar la crisis alimentaria, ya que 41 países, la mayoría en África, requieren asistencia alimentaria externa debido a conflictos e inclemencias climáticas. Aunque la producción global de cereales podría ser alta, se estima que millones de personas siguen enfrentando crisis alimentarias, acentuadas por las condiciones climáticas adversas y la violencia.
Fuente: ONU últimas noticias


