Emily Camargo, de 24 años, es una de las muchas voces que reflejan el dolor y la desesperanza tras los devastadores terremotos que sacudieron el centro-norte de Venezuela el pasado 24 de junio. «Todo a mi alrededor se derrumbó, pero donde yo estaba parada no cayó nada», recuerda. Un mes después de los seísmos, que tuvieron magnitudes de 7,2 y 7,5 y que han provocado más de 1500 réplicas, la situación sigue siendo crítica. En total, siete estados se vieron afectados, siendo La Guaira uno de los más impactados. A fecha del 24 de julio, se han reportado más de 5540 fallecidos y alrededor de 18.000 desplazados.
La maquinaria pesada continúa removiendo escombros en las áreas más dañadas, mientras los sobrevivientes recuperan pertenencias y esperan noticias de sus seres queridos desaparecidos. Ante esta tragedia, 71 equipos internacionales de búsqueda y rescate han llegado al país para unir esfuerzos con los equipos locales y nacionales, trabajando incansablemente con el fin de encontrar a los atrapados bajo los escombros.
María Paz Campos, una bombera chilena en Venezuela, describe las difíciles tareas de rescate que han tenido que enfrentar, incluyendo la atención de personas atrapadas y la búsqueda de un acceso para socorrerlas. «Las familias venezolanas necesitan recuperar a sus seres queridos o, al menos, poder cerrar ese capítulo”, señala.
Los esfuerzos de ayuda han sido tanto nacionales como internacionales. Voluntarios de distintas regiones de Venezuela, incluyendo grupos de médicos de la Universidad Central, se han sumado a la ayuda, recaudando fondos a través de las redes sociales para financiar sus operaciones en los campamentos temporales. «Estamos aquí porque queremos estar», afirma Alexandra Ramírez, una de las voluntarias. Por su parte, Tom Fletcher, responsable de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios, apunta que las comunidades locales fueron las primeras en actuar, buscando a sus vecinos desde el primer momento de la emergencia.
Las historias de supervivencia son conmovedoras. Emily, que permaneció horas sin saber del paradero de su pareja, Juan Ruiz, quien finalmente se unió a ella tras ayudar a rescatar a otros, comparte un mensaje de esperanza: aunque lo perdieron todo, se encontraron uno al otro.
Las necesidades continúan creciendo a medida que los días pasan. En los campamentos temporales, cientos de familias se ven obligadas a adaptarse a una nueva realidad. Marwil, quien se refugia con su familia en un centro deportivo, revela que los niños sufren traumas tras lo ocurrido y que la vida en el campamento es muy difícil.
Las organizaciones humanitarias, en colaboración con el gobierno y agencias de la ONU, están brindando asistencia esencial en estos albergues, ofreciendo alimentos, atención médica y apoyo psicológico. Sin embargo, la magnitud del daño es enorme. Hasta ahora, se ha solicitado un total de 931 millones de dólares para poder ayudar a más de 6 millones de personas afectadas.
Con la llegada de donaciones y asistencia internacional, la comunidad local y las organizaciones trabajan incansablemente, siempre con un mensaje claro: «Por favor, no se olviden de Venezuela. Todavía los necesitamos».
Fuente: ONU últimas noticias


