Detener la deforestación continúa siendo una de las prioridades clave a nivel global. Aunque la superficie forestal mundial sigue disminuyendo, el ritmo de pérdida se ha ralentizado. Sin embargo, detrás de estas cifras se oculta un problema más complejo y menos visible: la degradación de los bosques. Este aspecto fue enfatizado por Konstantin Kobyakov, experto en conservación de ecosistemas forestales de la fundación rusa Naturaleza y Personas, durante una entrevista con Noticias ONU.
Esta semana, el Foro de las Naciones Unidas sobre los Bosques se celebra en la sede de la ONU, donde los países discuten los avances hacia la protección y restauración de los ecosistemas forestales. Kobyakov explica que la degradación no solo implica que los bosques desaparezcan, sino también el deterioro de su salud y la pérdida de funciones ecológicas vitales. Cambios en la composición de especies, disminución de la biodiversidad y menor capacidad para absorber carbono son solo algunas de las consecuencias de esta degradación.
En Rusia, que alberga aproximadamente una quinta parte de los bosques del mundo, el problema es especialmente evidente. Según Kobyakov, los incendios forestales son uno de los principales impulsores de esta degradación. Aunque después de temporadas récord de incendios entre 2019 y 2022 la situación se ha estabilizado, la tendencia a largo plazo muestra un aumento de las áreas quemadas. Estos incendios no solo destruyen bosques y biodiversidad, sino que también intensifican la crisis climática, creando un círculo vicioso donde los incendios generan emisiones de gases de efecto invernadero que, a su vez, aumentan el riesgo de nuevos incendios.
Además, el deshielo del permafrost representa otra gran amenaza. Muchos bosques rusos se asientan sobre suelos de permafrost, y cuando se desarrollan actividades económicas como la tala, la regeneración forestal se torna extremadamente difícil debido a la combinación del daño al suelo y el deshielo, lo que genera graves procesos de erosión. Este deshielo, al igual que los incendios, contribuye a liberar más gases de efecto invernadero, acelerando aún más el calentamiento global.
El cambio climático está modificando la distribución de los bosques en Rusia. Mientras que en las regiones del norte los bosques se están expandiendo a nuevas áreas, en el sur, las sequías, el calor y la propagación de plagas están reduciendo la resiliencia de los bosques. Kobyakov advierte que, aunque un bosque pueda seguir existiendo, su capacidad de recuperación tras un incendio o una plaga se torna incierta.
La política forestal en Rusia se centra en gran medida en indicadores cuantitativos, como la cantidad de hectáreas reforestadas anualmente. Sin embargo, Kobyakov aboga por una mayor atención a la restauración de los ecosistemas forestales en sí, resaltando la complejidad de esta tarea. Propone priorizar áreas donde los bosques no pueden regenerarse debido a diversas presiones, como el cambio climático, donde su conservación es crucial para la calidad de vida de las comunidades locales.
Kobyakov también menciona los bosques que han proliferado en antiguas tierras agrícolas. Estos bosques jóvenes actúan como importantes sumideros de carbono, aunque su contribución no se refleja en las estadísticas oficiales, dificultando así una evaluación precisa del balance forestal del país. Destaca que la experiencia de China, donde se incorporaron estos bosques en las estadísticas oficiales desde el principio, ha permitido al país destacar en la absorción de gases de efecto invernadero.
Mirando hacia el futuro, Kobyakov se prepara para la 17ª sesión de la Conferencia de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, que se celebrará este verano en Mongolia. La desertificación, aunque afecta principalmente a regiones áridas, se aborda cada vez más como un desafío de degradación de la tierra en general. Muchos problemas ambientales en Rusia están vinculados a la degradación a gran escala de la tierra y los ecosistemas, que incluyen incendios, deshielo del permafrost y erosión del suelo.
Los acuerdos ambientales existentes de la ONU solo abordan parcial y superficialmente la degradación de la tierra. La Convención de Lucha contra la Desertificación sigue siendo el único mecanismo internacional que trata directamente los recursos terrestres. En esta conferencia, expertos rusos planean discutir la cooperación con países vecinos para combatir la degradación de la tierra, un desafío de gran relevancia en Asia Central y Mongolia. Kobyakov enfatiza la necesidad de encontrar nuevas formas de financiar esfuerzos de protección ambiental, sugiriendo que los sistemas voluntarios de certificación de uso de la tierra podrían ser una solución eficaz, al igual que los mecanismos de certificación forestal en otros países.
Fuente: ONU últimas noticias


