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Ushuaia, puerta de entrada a la Antártida

 Isla Grande. Tierra de Fuego

Argentina

Decía Baudelaire:”Los viajeros auténticos son aquellos que parten por el simple hecho de partir; corazones alados, semejantes a globos. De su fatalidad jamás se apartan, y, sin saber por qué, siempre dicen ¡Vamos!”

Son las ocho de la mañana. No recuerdo que día es, sólo  el mes: Febrero.  Mi Ushuaia, puerta de entrada a la Antártida 21equipaje ya está recogido y doy un último repaso, como siempre, me asalta la inseguridad de que algo se me olvida. De pronto doy un respingo, la sirena del barco avisa de la entrada al Puerto de Ushuaia, la ciudad denominada Puerta de la Antártida. Siguiendo las instrucciones, dejo la maleta en la puerta del camarote. Subo al Salón Yámana, en la tercera cubierta, tras los panorámicos ventanales me dispongo a contemplar el atraque. En esta mañana luce un Sol primaveral, aunque algunas nubes vaporosas y de inmaculada blancura atraviesan el cielo. Presagio un buen día de aventuras.

Desde que embarqué en Punta Arenas (Chile) en el crucero expedicionario “Vía Australis”, tras cinco días de navegación por el Estrecho de Magallanes, el Canal Beagle y doblar el Cabo de Hornos, estoy a punto de arribar a la ciudad austral  más importante de Argentina.

Son diversos los motivos que me han estimulado para hacer este viaje a lugares tan remotos. Indudablemente, el nombre  Tierra de Fuego, por sí solo ejerce una fuerte atracción a cualquier viajero: conocer un lugar que escuchó nombrar alguna vez. Sin embargo, para mí también ha supuesto un reto. Después de recorrer el Ártico sentía curiosidad por conocer el Polo opuesto. “Viajar es nacer y vivir en cada momento” (Víctor Hugo)

Desde mi posición en la cubierta de proa, aún lejos, diviso la pequeña ciudad recostada en la bahía sobre el Canal Beagle, rodeada por los AndesUshuaia, puerta de entrada a la Antártida 22 Fueguinos, cuyas cimas permanecen coronadas de nieve, a pesar de que en esta latitud es plena época estival.  Ante esta bella panorámica, imagino que el escritor nativo Julio Leite, escribió este poema dedicado a la cordillera fueguina:”Esta potranca azuleja/ con remos de piedra/ atraviesa corcoveando/ el gélido potrero/ de la tierra/ bellaquea/ entre fuegos y amarillos/ para hundir al final/ cascos/ hocico/ lomo/ cola/ en el mar de los olvidos. »  

Al pie de la escalerilla, una joven porta un cartel con mi nombre. Con voz Ushuaia, puerta de entrada a la Antártida 23melodiosa me da la bienvenida, comunicándome que será mi enlace durante la estancia y,  para las excursiones a los Parques Nacionales me incorporaré a un pequeño grupo de hispanos, acomodados en diferentes hoteles. Mi alojamiento es el “Hotel Las Hayas”, situado en un lugar maravilloso, inmerso en un bosque natural de hayas en la falda de la cordillera cerca del glaciar Martiel Está retirado a unos 2 Km. de la ciudad, pero cuenta con servicio de microbús.

Intuyo que continuará mi aventura por estas lejanas tierras. Serán dos días que intentaré vivirlos intensamente.”Viajar en los jóvenes, es parte de la educación; en los viejos, parte de la experiencia” (Francis Bacon) Hoy la educación y la experiencia van acompañando a toda una vida, sin interrupción. Las personas que viajamos nunca acabamos de aprender y la experiencia nunca es suficiente. En mi caso prefiero viajar sola, de esta manera no sólo consigo hacer más contactos con otros viajeros, sino que también tengo la libertad de hacer y deshacer a gusto.”Todos somos exploradores ¿Cómo puede uno entonces pasarse la vida mirando una puerta sin abrirla? (Robert Ballard)

Ushuaia, puerta de entrada a la Antártida 24El sugestivo nombre de Ushuaia, proviene del idioma yagán y se traduce como “Bahía que penetra hacia el oeste”. En 1.869, una misión de pastores anglicanos a la cabeza de Thomas Bridges se asentó en el área del Canal Beagle, constituyéndose así el primer asentamiento de lo que después sería la ciudad, aunque su fundación data del 12 de octubre de 1.884 por Augusto Lasserre.

Conocida como la “Ciudad del Fin del Mundo”, Ushuaia me sorprende desde el primer momento que piso su tierra. La bahía emplazada en la costaUshuaia, puerta de entrada a la Antártida 25 Norte  del Canal Beagle, en la Isla Grande de Tierra de Fuego, por su la latitud 54º 48’ 57’’ S y 68º 19’ 04’’ O, es como si estuviera a punto de caerse del mapa, según bromean los fueguinos; cuenta con una población, aproximada, de 65.000 habitantes. Por ser un destino estratégicamente situado, es conocida también como el último eslabón del corredor turístico austral, a tan sólo 1.000 km de la Península Antártica.

El paisaje es memoria, y éste es distinto a todo cuanto he podido contemplar en mis viajes. La caprichosa topografía ha generado una ciudad pintoresca que combina colores y desniveles, debido a su peculiar urbanización de pequeñas casas pintadas en tonos suaves con techos de chapa a dos aguas. Además,  la magia del entorno, son  los bosques de lenga, el guindo y el ñire que la protege de los vientos. Enseguida me siento atraída y cómoda:”Cabalgar, viajar y cambiar de lugar recrean el ánimo” (Séneca)

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En este apartado lugar del planeta, hay que considerar varios factores desconocidos en otros puntos geográficos. Por su curiosidad, los anoté en mi cuaderno. Ahora es pleno verano, el Sol ilumina más de dieciocho horas al día. Ello me alegra, ya que dispongo de bastante tiempo de luz. En cuanto a la meteorología  su clima es muy húmedo, la temperatura diurna oscila de 8 a 10º, la nocturna a veces baja a 0º, o superan los 4º. Los vientos que predominan son del Oeste, con medias de  25/35 Km/h. También el efecto del viento, contribuye a que la sensación térmica sea menor. Otro factor muy importante: las radiaciones  solares son más intensas debido a la capa de ozono. Es usual utilizar protectores solares.

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Ushuaia no sólo es una pequeña ciudad en el extremo del mundo, relativamente nueva, sólo la avalan unos 125 años, es la Naturaleza y la aventura en su máxima expresión, fuente de inspiración y desafío, de mitos y leyendas que aún perduran. Además de la magia del paisaje que le rodea. Planifico mi recorrido por los lugares más interesantes y decido ir hacia las calles San Martín y Maipú, son las principales arterias de la ciudad. En esta zona están establecidas las principales casonas pertenecientes a las familias acomodadas, algunas sucesoras de los primitivos inmigrantes, son conocidas como residencias. Apellidos tan españoles como Pastoriza, Cortés, Pena, García, Blanco Calderón, Otero y otros que no recuerdo.

Es temprano, alrededor de las diez y media de la mañana, inicio mi andadura por la Avenida Maipú que bordea la costa del Canal Beagle hasta llegar al Puerto. Bandadas de alocadas gaviotas vuelan sobre mi cabeza, susUshuaia, puerta de entrada a la Antártida 26 graznidos son ensordecedores. Olores a mar, salitre y brea aspiran  mi  nariz enrojecida por el frío. En uno de los muelles aún está atracado el barco que me trajo hasta aquí. Una decena de kioskos ofrecen excursiones a  islas cercanas, refugios de lobos marinos y pingüinos. Continuo el paseo hasta el final, atravieso una pasarela, desde donde contemplo una espectacular vista. Se levanta un viento helado que me hace estremecer. Me resguardo en una chocolatería. Para combatir tal estado elijo una taza de humeante chocolate y un “alfajor”, dulce típico. Tras el gran ventanal aprecio la belleza que me rodea. Empiezo a darme cuenta de dónde me encuentro, son miles de kilómetros los que me separan de mi “patria chica” Sevilla. “La única posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos, hacia lo imposible” (Arthur C. Clarke)

Comienza a esconderse el astro rey tras las nubes grises. A pesar del frio reinante, me encasqueto el gorro de lana y reanudo mi paseo por el centro histórico, calles en dónde se originó Ushuaia; aún perduran construcciones originales como el Ex Presidio y Cárcel deUshuaia, puerta de entrada a la Antártida 27 Reincidentes. Actualmente este histórico conjunto acoge varios Museos: el Marítimo, del Presidio, Antártico y Arte Marino. Un pequeño grupo de foráneos aguardan la visita guiada, y me uno a ellos. Un lugar que me impacta por su sobriedad, a la vez, tenebroso, es el que corresponde al Presidio, además de su escalofriante pasado. Me impresiona, sobre todo, recorrer las galerías de celdas que alojaron a personajes como el asesino Sánchez Godino, apodado “Petiso Orejudo”. Entre otros prisioneros destacados que estuvieron confinados entre sus rejas por razones políticas, en 1.934 fue el escritor argentino Ricardo Rojas (1.882-1.957) autor de “Historia de la Literatura Argentina”  

La historia del penal comienza en  1.882. En aquellos años Argentina Ushuaia, puerta de entrada a la Antártida 28pretendía poblar la provincia más austral del planeta, castigada por los vientos y el frío polar, donde casi nadie tenía intenciones de instalarse voluntariamente, por lo que el Gobierno dictó una ley para su colonización penal: enviarían grupos de presos. “Una veintena de reclusos, hombres y mujeres, asesinos en serie, violadores y ladrones reincidentes fueron trasladados en barco desde Buenos Aires, para trabajar y procrear. Enviaron también a decenas de muchachos desheredados que vagan por las calles…”, (texto escrito por el entonces gobernador Godoy)

Los primeros presidiarios comenzaron a levantar con sus manos el penal y dotaron al pequeño asentamiento de las primeras infraestructuras. En 1.899 comienza como Institución Penal. Entre 1.902 y 1.920 se terminó la total edificación.

A  principios del pasado siglo, la pequeña aldea vio con agrado la llegada de algunas familias de diferentes orígenes, croatas, españoles, libaneses, lituanos y otras etnias más, los que por diversos motivos llegaron hasta allí y no regresaron  a su país de origen. Ushuaia comenzaba a crecer. Este presidio significó en la historia de la ciudad un hito que marcó su perfil durante la primera mitad del siglo XX.  En 1.947, el Gobierno argentino decide cerrar la cárcel y la totalidad de las instalaciones son adquiridas por el Ministerio de la Marina.

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Durante mi paseo, zigzagueo de una acera a otra para contemplar  la belleza de la arquitectura fueguina antigua. Algunas pintorescas por la forma de sus cubiertas, los porches en forma de arco y sus ventanas superiores de forma triangular. Me llama la atención la atractiva construcción  de la Familia Cortés, actualmente “Restaurante Volver”. Esta vivienda  fue del Segundo Jefe del Penal, marido de la primera maestra de la ciudad, María Sánchez Caballero. También residió en esta casa  hasta 1.985, Rafaela Ishton, una de las últimas mujeres de la etnia Selknan.

Siento el “estómago vacío”, el frío agudiza el hambre  y aprovecho para tomar un tentempié en el “Restaurante Volver”. Siguiendo el consejo del camarero, saboreo un trozo de la popular empanada rellena de mariscos y un “vermú.” Como su nombre indica es para volver. Mientras tanto, me distraigo en escuchar  y observar el lenguaje corporal de las personas que me rodean, me emociona escuchar el idioma español en tan apartado rincón del mundo. He comprobado que los fueguinos son gente amable y se brindan  a ayudarte, sobre todo si eres española.

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El cielo se torna plomizo y comienza una lluvia menuda, la que llamamos “chiribiri .Resguardada bajo el paraguas, continuo andando. Otra edificación fija mi atención, una particular y característica arquitectura normanda de roca de pizarra, porte de gran casona con el frente cubierto de vidrieras y doble escalinata; en aquella época utilizar estos materiales de construcción era signo de riqueza. Perteneció a los Sres. Fernández Valdés. Ahora es el Museo del Fin del Mundo.

Mi “curiomanía” se despierta y visito sus instalaciones. En su interior, compruebo que soy la única visitante recorriendo sus estancias. Me  recreo contemplando la exposición sobre el estilo de vida de los fueguinos de principios del siglo pasado. Elementos históricos de diferentes navíos que naufragaron en sus costas, cartografías, astrolabios y un sin fin de instrumentos de navegación. Una larga lista de viajeros y aventureros que pasaron por estas tierras y las proezas que sufrieron. Referente a la etnografía, satisface mi curiosidad, admiro todo lo relacionado con los primeros aborígenes, utensilios de uso cotidiano, artesanales de pesca y caza, objetos de culto. Innumerables recuerdos atesorados en un lugar junto a la historia que guarda entre sus paredes.

La llovizna ha cesado, pero no el frío. Sigo adentrándome en la cuadrícula de calles, bulliciosas, como siempre, intento perderme entre ellas. Tiendas deUshuaia, puerta de entrada a la Antártida 29 ropa, deportes, muebles, bares y restaurantes, pubs, Son numerosas las chocolaterías, observo que los habitantes son grandes consumidores de productos elaborados con cacao, destacándose “Chocolatería Laguna Negra”   y “Lirios de la Patagonia”, fabricantes de un amplio surtido de  bombones y chocolatinas. Una locura, confieso mi adicción  a este manjar.

Otro de los encantos de Ushuaia es su exquisita gastronomía a base de frutos del mar entre los que reinan la centolla y la merluza negra, y de la tierra es el exquisito “cordero fueguino a la cruz” (asado). La variedad de restaurantes hace difícil la elección, sin pensarlo, entro en el primero que encuentro: “Bodegón Fueguino”. Un acierto, disfruto de una peculiar comida acompañada de un excelente vino chileno y finalizo con unos “calzones rotos”, postre típico hecho con masa dulce.

Decido dar por finalizado el recorrido, ha sido una jornada intensa. La tarde continua lluviosa y la temperatura ha bajado.  De regreso al Hotel, por elUshuaia, puerta de entrada a la Antártida 30 Paseo de los Antiguos Pobladores, encuentro un edificio de madera atípico en estas latitudes. Se trata de la antigua Casa Beban. Fue adquirida por catálogo a una firma de Suecia y construida entre 1.911-1.913; uno de los proyectos más importante y ambicioso de la ciudad durante largo tiempo. Corrió el riesgo de ser demolida, por lo que se procedió a su desarme y posterior reconstrucción en el actual emplazamiento. Desde el 4 de Noviembre de 1.994 quedó como Centro de Exposiciones.

El cansancio inicia su proceso. El grueso chaquetón que me envuelve y los botines están empapados. Todo mi empeño está en encontrar un taxi. Asombrada, contemplo como la lluvia se transforma en pequeños copos de nieve.

Uno de los fenómenos climatológicos que suele ocurrir en esta latitud me deja alucinada: a lo largo del día he disfrutado de las cuatro estaciones del año: agradable temperatura primaveral, pasando al  frío, seguido de lluvias y una ligera nevada que apenas cuajó en el suelo. Una vivencia increíble e inolvidable:”Y es el viaje y no el destino lo que acaba siendo una fuente de prodigio” (Marco Polo)

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