Una fotografía actual de la ciencia abierta: el cambio necesita de políticas comunes

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Ciencia abierta es una nueva forma de investigar que vio la luz hace más de 20 años en Budapest. Con ella lo que se busca es hacerla mejor, más colaborativa y transparente. Sin embargo, a pesar de los avances, aún queda mucho camino por recorrer para completar la transición.

Sin embargo, y a pesar de múltiples avances, aún queda camino para completar esta transición. Un nuevo estudio en el que han participado Candela Ollé y Alexandre López Borrull, profesores e investigadores de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), junto con investigadoras de las universidades de València, Barcelona y Navarra, ha analizado los principales factores facilitadores y las barreras percibidas en este momento para su implantación en España.

Según López Borrull, quien es también miembro del grupo Aprendizajes, Medios de comunicación y Entretenimiento (GAME), «las preguntas sobre ciencia abierta empezaban antes con un por qué o un para qué; ahora tienen que ver sobre todo con el cómo». El trabajo ha recogido las opiniones de distintos actores del sistema científico alrededor de varios pilares de la ciencia abierta. En conjunto, parece que el cambio solo se logrará si se organiza un marco político claro y común que ordene el sistema de evaluación y si se dota al sistema de la financiación necesaria para apoyarlo. En la actualidad, tanto las nuevas leyes de la ciencia como la de universidades contemplan la «ciencia abierta». Deberemos esperar a ver hasta qué punto el despliegue de estas normas la promocionará realmente en el sistema académico.

Más incentivos

Organizado a través de entrevistas y encuestas, el estudio ha recabado la visión de investigadores, agentes evaluadores, editores de revistas, vicerrectores de universidades y personal bibliotecario. Los trabajos de este tipo suelen basarse únicamente en la opinión de los primeros y generalmente solo a través de encuestas, pero, según Ollé, «un mérito del artículo es que cuenta con la perspectiva de los cinco agentes clave; llama a su puerta para después extraer una visión global con cada una de las aportaciones».

En concreto, y respecto al acceso abierto de las publicaciones y su publicación en repositorios, se reconocen como un factor positivo que puede aumentar su impacto y visibilidad. Sin embargo, se echan en falta políticas institucionales de fomento u obligatoriedad, y se demandan incentivos curriculares y económicos que permitan impulsarlas. Un dato esclarecedor del camino por recorrer es que, a pesar de que la Ley de la Ciencia de 2011 obliga a compartir en abierto los documentos resultantes de convocatorias financiadas con fondos públicos, solo un 58 % de las investigaciones los habían aportado dos años después de su entrada en vigor.

Algo parecido sucede en relación con el uso de datos abiertos en investigación. Hay una percepción clara de su beneficio, pero se echan en falta políticas o estrategias globales. Para Ollé, «cada universidad tiene sus propios modos de actuar, y hay muchas diferencias entre ellas en su estructura y apuesta». «Necesitamos reglas de juego compartidas, teniendo en cuenta, además, que el panorama es complejo, sobre todo para los investigadores jóvenes«, afirma Ollé. Estos, que dependen en gran medida de sus publicaciones para continuar la carrera académica, expresan más reticencias a la hora de compartir unos datos que les ha llevado mucho trabajo conseguir y que a menudo pretenden rentabilizar durante sus siguientes años.

Una de las claves para avanzar en la ciencia abierta es la evaluación de la investigación. Ahora mismo conviven un sistema tradicional basado en el factor de impacto de las revistas donde se publican las investigaciones —»que no fue diseñado para su uso actual», según Ollé— y otros sistemas alternativos, más acordes con los principios de la ciencia abierta. Sin embargo, distintos actores recalcan que estos últimos siguen sin tener unas directrices claras, lo que lastra su implantación. Así, para favorecer el cambio, tanto la Unión Europea como la Asociación Europea de Universidades y más de 350 entidades de toda Europa —incluida la UOC—, abogan por introducir aspectos cualitativos en la evaluación científica y dejar de hacer un uso inapropiado de los indicadores bibliométricos en este ámbito.

Optimismo

«La ciencia abierta se ha convertido en una idea mainstream. Ir en contra de ella se percibe ya como algo políticamente incorrecto, y ese ha sido un gran logro de la comunicación en estos años», explica López Borrull. Las opiniones recogidas en el nuevo trabajo permiten concluir que el momento es propicio para avanzar en su implantación, pero que el cambio solo podrá completarse si existe una clara voluntad institucional.

«Nuestro estudio muestra una fotografía actual de las barreras y de los factores que facilitarían el camino hacia la ciencia abierta. Es una investigación que aporta conocimiento útil y aplicable que debería ayudar a la implantación de nuevas políticas, porque son estas las que marcan lo que la gente hace», añade el profesor e investigador de la UOC. O, según acaba el propio artículo, «cuando la estructura y los incentivos existen, los investigadores cumplen«.

Un cambio en marcha

Aunque el sistema actual de evaluación científica prima la cantidad frente a la calidad —la realidad conocida como publish or perish—, Pastora Martínez Samper, vicerrectora de Globalización y Cooperación de la UOC, afirma que el cambio está en marcha. «En Europa se está creando una coalición de organizaciones para la implantación de una evaluación que prime la calidad y diversidad de la investigación, bajo el auspicio de la Comisión Europea», detalla la vicerrectora, previamente a la Semana Internacional del Acceso Abierto, que tendrá lugar del 24 al 30 de octubre.

«La coalición verá la luz este año, formada por las entidades que firmen los compromisos consensuados en un acuerdo colaborativo, publicado en julio», añade. «Desde la UOC hemos estado presentes en los debates y hemos abierto el debate interno para decidir si nos sumamos a dicha coalición», concluye.

La UOC apuesta por el conocimiento abierto

La UOC, además de crear recientemente un nuevo grupo operativo de Ciencia abierta, dentro de su Vicegerencia de Investigación e Innovación, es una universidad con una apuesta decidida por el conocimiento abierto, una dimensión integral más allá de la ciencia, que contempla los recursos de aprendizaje o los procesos de innovación abierta. «Hemos creado estructuras institucionales para incentivar el cambio, como la política institucional aprobada el año pasado, o nuestra adhesión a DORA —la Declaración Internacional de San Francisco por la ciencia abierta—, que firmamos en 2019. Nuestra estrategia se recoge en el Plan de acción de conocimiento abierto de la UOC, diseñado y ejecutado de manera participativa por equipos académicos y de gestión de la universidad», detalla Pastora Martínez Samper.

Desde que se aprobó dicho plan, «nuestro repositorio institucional en abierto —‍el O2 Repositorio UOC— cuenta con más del doble de artículos académicos«, añade la vicerrectora, quien detalla que, además, tanto el número de recursos de aprendizaje como la cantidad de trabajos finales del estudiantado disponibles en abierto han aumentado casi un 40 %.

Nota de prensa UOC

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