Un equipo necesita una afición

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Aficionados del Cartagena en Las Palmas La responsabilidad final de que un proyecto futbolístico triunfe o no recae en los jugadores, pero no deben estar solos ante el peligro.

En los tramos finales de las campañas, la afición se convierte realmente en el jugador número 12 y si no grave error.

Es cierto que hay ciudades que no se vuelcan con el fútbol durante el año y que cuando llega el momento estelar, hay veces que los malos aficionados sobran, pero un equipo es más equipo cuando se siente arropado.

Cuando llega el momento del ascenso estamos viendo como miles de seguidores del Nástic recorrieron media España para ascender con su equipo, pero eso es más sencillo porque la marcha del equipo invita a ello. El caso de la segunda b es realmente meritorio, ver la marcha salmantina hasta Santa Coloma de Gramanet en impresionante y más todavía ver aficionados del Cartagena en Vecindario ( un viaje costoso, y largo, pasando por los miedos que puede despertar el avión), para animar  a un equipo que desde luego es candidato a subir, pero que todavía debe pasar otra eliminatoria ( eso sí ,esos aficionados guardarán imágenes irrepetibles en la memoria), gestos que no se aprecian por la televisión y el equipo se lo agradece porque es un aliciente más para luchar. 

Y si importante es ver afición fuera de casa, fundamental  es que el estadio propio sea una caldera para los rivales.

Por poner el ejemplo de los canarios,  el Vecindario no llenó su pequeño campo para recibir al Cartagena, pero colocó una charanga impresionante tras el banquillo visitante que asfixiaba los gritos del entrenador rival.

En un partido hay muchos ingredientes pero la emoción la pone la grada y no es tan importe chillar a los rivales  como animar a tu equipo, a tus colores, a los que te van a hacer aficionado de mejor categoría, y aunque fallen, hay que estar ahí. Por eso a los que viajan hay que darles un diez y también  a los que llevan a  su equipo en volandas.