El balonmano español nos ha sorprendido, en especial a mí, y es que los jugadores entrenador por Pastor nos ha mostrado todas sus caras, tanto buenas como malas, pero al final han conseguido un metal que parecía casi imposible y más viendo como comenzó el campeonato ante Croacia, precisamente selección que ha perdido el bronce, no por la derrota sino por el mal juego mostrado, sobretodo en defensa.
El mal partido disputado ante Islandia parecía que conseguir el metal era tarea casi imposible, pero los de Pastor volvieron a mostrar la cara que hicieron ante Corea, y se volvieron a unir para defender y conseguir el metal que nadie esperaba, pero ellos mismo no querían perder la posibilidad de igualar el mejor puesto conseguido en Atlanta y Sidney.
En los primer minutos nadie se conseguía escapar en el marcador, incluso eran los croatas los que conseguían mínimas ventajas en el marcador, dos goles como mucho, por lo que todo estaba muy igualado, incluso los nuestros le dieron la vuelta, pero sin mucha confianza en defensa, tan solo un sensacional Hombrados intentaba que la intensidad fuera mayor, al final 12-14 en el descanso a favor de los favoritos.
España no quería que se le escapara el partido y por eso se pusieron muy fuertes desde la salida y fruto de eso le dieron la vuelta al marcador con un parcial de 3-0, y a partir de ese momento no se bajó del carro, incluso en el minuto 42 llegó la jugada clave, donde se «escapó» por más de un gol y llegaron los nervios croatas, hasta que un robo de Lozano sirvió para romper la moral de sus rivales y poner el 25-22.
Después de esa ventaja de tres goles a falta de catorce minutos las cosas fueron más sencillas, entre otras cosas porque los croatas se desesperaban una y otra vez, chocando con los brazos españoles y con un Iker Romero perfecto, aunque el momento cumbre fue la entrada de Barrufet, el pitufo, al campo, puesto que jugaba el último partido como internacional.