Su voluntad no es otra que la de aplicar con rotundidad a lo «infraordinario»(como diría Perec) para acceder así a lo más esencial. Su aparentemente banal exégesis del mundo «fashionable» es concebida siempre como un acto supremo de civilización, como una superación de lo más prosaico, en busca de la ascesis moral y, por qué no, también estética.

Y, sin embargo, el » Tratado «es mucho más que una especie de guía para aspirantes a» aristócratas del espíritu”.

Su carácter irónico, que parodia con gracia el estilo didáctico, expositivo, aparentemente objetivo del tratado científico o literario, su voluntad de convertir sus ingeniosos aforismos en puros «dogmas», nos advierte de las intenciones traviesas de Balzac: este libro es, al mismo tiempo, una defensa y una exhortación del hombre moderno, el hombre «que no hace nada» según la acertada definición del autor, una hagiografía del dandi y vituperación, un documento y también una falsa ficción (como atestigua la ficticia encuentro con Beau Brummell, el príncipe de la elegancia convertido tristemente en patética figura, una vez caído en desgracia), una vez en la espalda que se vuelve empuje al «homo ludens», pagado de sí mismo , concebido como una humorada genial.

Fuente: culturamas

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