Lanzarote.-
«No es verdad. El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración… El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje.” (José Saramago)
Desde hace algunos años viajo con frecuencia al Archipiélago de las Canarias, sobre todo a la Isla de Lanzarote. Sí, de nuevo estoy en Lanzarote mi “pequeño paraíso”, la isla por la que siento una especial atracción, quizá mi piel ha absorbido el magnetismo que desprende sus hermosos paisajes y me he apegado a su entorno. Un alto para disfrutar de la tranquilidad necesaria y reponer fuerzas para continuar con los viajes proyectados para el nuevo año 2.010. Como siempre una anotación en mi agenda, la misma frase corta y tajante rotulada en amarillo fosforescente: “Ir a Tías. Intentar de nuevo. Llamar a la Fundación”. Recuerdo el antiguo refranero popular que dice: “Quién lo sigue lo consigue”. Y una vez más visito el pueblo de Tías con el propósito de conseguir ese anhelado deseo que, desde hace mucho, persigo y cuyo final siempre resultó fallido: “estaba en el lugar indicado pero no era el día señalado”. Entonces, abatida y triste abandonaba la villa. Pero esta vez es diferente, me embarga la ilusión, esa ilusión que ha ido “in crescendo” y que el tiempo ha estado sosteniéndola en vilo.
Al fin, se produce la conjunción del tiempo y el sitio en el que mi admirado e insigne escritor José Saramago se halla en su hogar lanzaroteño “A Casa”, situada al otro lado de la linde que le separa de su espacio de trabajo, al que acude cada día. Mi perseverancia ha dado resultado y ha sucedido lo que tanto anhelaba: una cita para visitar la Fundación José Saramago. Decenas de preguntas se entrecruzan en mí mente ¿Me recibirá? ¿Estrecharé su mano? ¿Escucharé su voz? ¿Me emocionaré ante su presencia?- Sí, estoy segura e intentaré controlar mis sentimientos- Tan sólo de pensarlo, me excita. Por otro lado, soy consecuente con la realidad y lo más probable es que no suceda ese ansiado encuentro, aunque mantengo aún la esperanza.
Consulto mi reloj. Falta poco más de media hora. Aunque es mediodía y pese al Sol, el viento alisio permite caminar. Decido dar un breve paseo por Tías, el lugar elegido para esta importante Institución. Su recorrido es corto y a la vez pintoresco por el paisaje que le rodea, su arquitectura armoniza perfectamente con su entorno, además de la paz y el sosiego que se percibe. Enclavado en el Paisaje Protegido de La Geria, se alza sobre una pequeña loma de suave pendiente. Respaldado por Montaña Blanca y por el llamado Lugar de Abajo, un grupo de casas blancas que adornan sus tejados con las típicas chimeneas lanzaroteñas, llamadas vulgarmente “cebollas”, jardines de flora autóctona dan acceso a las viviendas. Aquí y allá se mezclan con otras edificaciones de estilo vanguardista. Subiendo la calle principal, a un lado y a otro las hileras de casas tradicionales con sus balconadas verdes, correderas y un poco más allá los restos de un antiguo molino blanco nos guían hasta el centro de la ciudad.
Mientras camino hacia la Fundación recuerdo la primera vez que leí a José Saramago, su título “Viaje a Portugal” (1.981) una auténtica guía para el viajero. Años más tarde, lo tomé como referencia para iniciarme en la difícil tarea de escribir las experiencias y peripecias vividas durante mis viajes en solitario y así compartirlas con los demás. Después siguieron otras obras, el encanto y la ternura que descubrí en la lectura de “Las pequeñas memorias” (2.006) entre las que más me impactaron fueron “Ensayo sobre la ceguera” (1.995) y “Las intermitencias de la muerte” (2.005) Ahora, en mi bolso, un par de ejemplares de la penúltima obra publicada “El cuaderno” (2.009) con el fin de obtener su dedicatoria, además de un libro titulado “Sevilla Universal” para donarlo a la Biblioteca.
A las afueras del pueblo, sobre un montículo desde el que se disfruta de una hermosa panorámica está ubicada la Fundación José Saramago. Altos muros de roca volcánica guardan su intimidad. En el interior circundado por jardines se alza la edificación que consta de dos plantas. A sus pies se extiende el abrupto terreno volcánico y algunas palmeras dan un toque de color. En la lejanía, resaltan la blancura de las casas y los hoteles que bordean la costa sobre el fondo azul del Océano. A la izquierda se puede divisar la ciudad de Arrecife y el Puerto.
En el instante que atravieso la puerta del jardín percibo que mis pulsaciones se aceleran y la mente queda bloqueada. Intento controlar mis impulsos. Después de la presentación y saludos de rigor, una frase incontrolada escapa de mis labios ¿Está el Sr. Saramago? Con la amabilidad y cortesía que les caracterizan, la señora Sharo y el señor Javier Muñoz excusan la presencia del escritor por motivos personales. Les hago partícipes de la tristeza y desilusión que me embarga en esos momentos, todo ha sido como una frágil pompa de jabón. Solícitos me indican que puedo dejar los libros, una vez firmados, los enviarán a mi domicilio de Sevilla. El interés, quizá insistente, que demuestro no pasa desapercibido.
Dadas las circunstancias, el Sr. Muñoz tiene la gentileza de dedicarme unos minutos de su tiempo para mostrarme la Biblioteca y despacho donde trabaja el insigne autor. Ante tal honor, acepto inmediatamente.
Durante el recorrido mi curiosidad comienza a despertar y se transforma en mil y una preguntas que, amablemente, son respondidas por el Sr. Muñoz. De este modo, se inicia una amena conversación versada sobre anécdotas de la vida y obras de José Saramago, así como de su Fundación.
Me impresiona contemplar la estancia que acoge parte de la Biblioteca y el despacho, de altos techos y cristaleras laterales que proporcionan luminosidad a este lugar. En el centro, estratégicamente colocado, el mobiliario que componen el despacho. Destaca su mesa de trabajo sobre la que impera el orden, es muy exigente consigo mismo, y un sillón giratorio de cuero negro. Preside la misma un antiguo ordenador, fiel artilugio que aún funciona y cuyo disco duro custodia como un tesoro algunas de sus importantes obras. Ahora escribe en otro de última generación. A su derecha, una pequeña estantería donde están colocados sus libros de consultas. En la pared posterior un impresionante cuadro del escritor y su esposa Pilar del Río.
Circundando la estancia están instaladas las estanterías repletas de libros, minuciosamente catalogados y la mayoría corresponden a la primera edición. Actualmente esta Biblioteca cuenta con unos 14.000 volúmenes. Tiene por costumbre comprar libros en todos los lugares que visita.
En las vitrinas expositoras observo documentos, manuscritos, libros antiguos, carpetas, dibujos y un sin fin de interesantes objetos. Ante mi asombro, el Sr. Muñoz me muestra unas copias, que sostengo entre mis manos, es la galerada que escribió en 1.948, titulada “Claraboya”. En este trabajo tachó su nombre y utilizó el seudónimo de HONORATO. Una fugaz reflexión y rectificó. Esta obra nunca se publicó, la editorial se la devolvió al cabo de unos 20 años.
Mi entusiasmo va en aumento. Amarillentas hojas escritas a máquina y después rectificadas o subrayadas en amarillo. No suele tirar los apuntes ni los documentos informativos de sus investigaciones, actualmente están digitalizando las conferencias escritas, textos y anotaciones.
Como anécdota, el primer libro que leyó en su niñez se lo ofreció su madre y que, como oro en paño, guardaba. Este fue el detonante para que se animara en la lectura. Aquél libro se perdió. Sin embargo, a través de una persona entusiasta de las ediciones antiguas, consiguió los dos únicos ejemplares que existían. Conocedor de lo que Saramago sentía por aquél libro que recordaba con tanto cariño, se lo ofreció como presente. Y es éste el que he tenido la ocasión de hojear sus páginas.
En la actualidad está escribiendo un nuevo libro. Prefiere escribir obras cortas, entre novela corta y relato largo. El trabajo narrativo de José Saramago goza de una admiración sin límites, es un acercamiento cálido a la vida cotidiana. Su obra está considerada por los críticos como una de las más importantes de la Literatura Contemporánea, además de las traducciones a portugués y francés de unas 700 obras de otros autores.
Poco, casi nada, puedo añadir a la biografía de este escritor, periodista y dramaturgo, indiscutible por su originalidad y su controvertida visión de la historia y de la cultura. Saramago es dueño de un mundo propio, minuciosamente creado libro a libro. Distinguido por su labor con el Premio Nobel de Literatura (1.998) y numerosos galardones y doctorados, entre ellos el Título de Hijo Predilecto de Andalucía (2.007) cuyo discurso improvisó completamente y la investidura como “Doctor Honoris Causa” por la Universidad de Sevilla.
El tiempo pasa y la visita llega a su fin. Para mí ha sido muy emotiva y enriquecedora. Desde aquí quiero agradecer a la señora Sharo y al Sr. Muñoz su atención y amabilidad.
Esta vez “he estado tan cerca y a la vez tan lejos…” En mi próximo viaje, lo intentaré de nuevo.
“Todos somos productos de la cultura, de la historia, de un idioma. Pero no podemos quedarnos ahí y encasillarnos. Sobre todo tiene que primar la identidad humana” (José Saramago)