Corría el año 1975, un tiempo en que el rock de grupos como los Rolling Stones o The Who ya había cuajado en la sociedad y se había convertido en un leitmotiv para los jóvenes ansiosos de convertirse en seres únicos y rebeldes. La música rock incluso había ido más allá y aquel sonido rudo estaba pasando una fase de experimentación, de exploración de los límites del sonido rockero y de la expresividad artística, pues grupos como David Bowie (ya en su alter ego Ziggy Stardust), Genesis o Pink Floyd ya prometían una época de locura para la música.
En este bizarro contexto todo valía a la hora de crear arte, todo menos ser mujer. Y ahí entra este cisne negro llamado The Runaways, una banda íntegramente femenina, liderada por Joan Jett y Cherie Currie, que demostró al mundo que una chica también puede coger una guitarra eléctrica, golpearla con fuerza y gritar como una loca.
Esta historia de puro espíritu es la que cuenta The Runaways, biopic de justicia de esta banda histórica aunque no abastamente conocida, una película que ES rock ‘n’ roll puro y debe hacernos entender que con tres o cuatros grupos más como The Runaways, ahora las que estarían petando estadios de todo el mundo no serían Beyoncé o Shakira, sinó The Long Blondes, Alanis Morissette o Doro Pech.
El gran error que comete Florida Sigismondi al retratar The Runaways, es que la historia en sí no tiene suficiente atractivo porque traza el típico arco de formación-auge-apogeo-declive sin nada distintivo que aportar. Ni siquiera los personajes protagonistas pueden llevar el peso de una película porque son víctimas de lo que sucede a su alrededor, objetos inmóviles superados por su entorno, algo muy normal si no olvidamos que la banda original se formó con chicas de menos de 18 años abrumadas por tener que comerse el mundo.
Creo que The Runaways hubiera funcionado mucho mejor si en vez de contar una historia convencional y calculada, hubiese intentado buscar más el anarquismo y el uso de un metalenguaje (parecido a lo que se intentó con Easy Rider) para transmitir los sentimentos y valores que este grupo de chicas abanderaba, algo mucho más interesante e impactante que el relato del declive de un grupo materialmente segundón, pero lleno de esencia.
Esta esencia, no obastante, la transmiten como diosas las dos actrices protagonistas: Kristen Stewart y Dakota Fanning. Por Kristen Stewart me juego un testículo a que no va a ser recordada como «la de Crepúsculo» porque demuestra ser fuego puro como actriz. Dakota Fanning, por su lado, (también de Crepúsculo, por cierto) es una diva que come a parte y va a conseguir lo que quiera si se desmelena como lo ha hecho en esta película. La prueba fehaciente de su enorme talento es el casting que le hacen en la caravana del mánager, escena en la que Dakota muestra como en pocos segundos puede evolucionar un papel sin despeinarse.
Cada minuto que almenos una de ellas dos aparece en pantalla es un regalo y hace que The Runaways, la película, llegue a tener una fuerza parecida a The Runaways, el grupo; ya que la trascendencia del film tampoco no pasará a mayores, pero la reivindicación, la verdadera rebeldía y el espíritu genuino del rock hay que buscarlos en este grupo de ángeles y en esta película demasiado dócil, pero magnífica.