Sugerir lo contrario

Sugerir lo contrario 5Dice Enrique Vila-Matas en su libro deliciosamente irónico, “París no se acaba nunca”, que “la ironía ya existía en la antigua Grecia, la encontramos en Sócrates. En la Edad Media, sin embargo, la ironía estaba peligrosamente vista o no era concebible, estaba fuera de lugar, podías ir a la hoguera si se te ocurría practicarla. La reencontramos en Cervantes, hombre del Renacimiento.

La ironía se introduce en el meollo de la novela, en su propia estructura. Y de ahí hasta nuestros días.

La ironía no es un añadido, forma parte de los mecanismos de representación del mundo, ofrece un ángulo de sombra sobre ese mundo”.

Ironía significa “decir algosignificando con ello lo contrario. La palabra “ironía viene del griego “eíroneía” que significa “pregunta fingiendo ignorancia”, que es el uso que hacía Sócrates de ella. Es una derivación del verboeíro” que significa “decir”.

En realidad, todos ironizamos sobre nuestra propia identidad utilizando el lenguaje para afirmar o sugerir lo contrario de lo que se dice con palabras, de forma que pueda quedar claro el verdadero sentido de lo que se piensa.

Pregúntate qué es aquello que sientes próximo a ti, aquello que puedes usar para sopesar y meditar, y lo más probable es que te respondas que la ironía. Si la lectura es despojada de la ironía pierde inmediatamente su capacidad de sorpresa.

¿Cómo leer las maravillosas comedias de Jane Austen sin la ironía y la agudeza que pone en boca de sus personajes?.

En Austen, la ironía se convierte en un instrumento de la invención, que Samuel Johnson definía como la esencia de la poesía. De cualquier novela de Austen se puede decir que es una elipsis lograda, en la que se omite todo lo que podría perturbar sus conclusiones irónicas, aunque felices.

Las principales heroínas de Austen: Elizabeth Bennet en “Orgullo y Prejuicio”; Emma Woodhouse en “Emma”; Fanny Price en “Mansfield Park”; Anne Eliot en “Persuasión” poseen tal libertad interior que sus individualidades no pueden reprimirse.

Una concepción de la libertad interior que se centra en el rechazo de cualquier afecto que no proceda de aquel a quien se le ha concedido esa estima, resulta una idea de lo más irónica.

La suprema escena cómica de toda la obra de Austen debe ser el rechazo de la primera propuesta de matrimonio de Darcy, donde las ironías de la dialéctica de la voluntad y el afecto se vuelven casi ofensivas.

Esa alta comedia, que continuará en “Emma”, se mitiga un tanto en “Manfield Park”, y a continuación se convierte en otra cosa en “Persuasión” donde Austen ha alcanzado la maestría de un modo tan consciente en su personaje, Anne Eliot, un ser discretamente elocuente, tan segura de sí misma, que la idea que tiene de su yo jamás es vacilante.

Persuasión , última novela de la autora, publicada póstumamente en 1818, narra la historia de una mujer en su madurez. Una mujer sensible, paciente y menospreciada, que años después de haber rechazado, persuadida por un mal consejo, al hombre que amaba, ve cómo éste reaparece en su vida, rico y honorable pero aún despechado. Una mujer, en suma, que, quizá por primera vez en la historia de la novela, debe luchar para que el amor le conceda una segunda oportunidad. Esta es quizás la menos popular de sus cuatro novelas citadas porque es la más extraña, sin embargo, destaca entre las demás por lo mismo que Anne Eliot, su protagonista, destaca entre los demás personajes novelescos: por avanzarse a su época y poseer un carácter fuerte y contenido.

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