Sí, sí, sí la Copa ya está aquí

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Esperábamos algo similar pero lo que sucedió ayer en Colón no tiene nombre, cualquier titular se queda corto para expresarlo. Solo los que estuvieron allí pueden saberlo. Miles de personas esperaban a los jugadores de la selección española, en la plaza no entraba ni un alma, ni en las calles cercanas, ni en la castellana, casi cada punto del recorrido estaba cubierto por personas que jaleaban a unos jugadores que ya son héroes nacionales.

Todos y cada uno de ellos estaban eufóricos, saltando, cantado, bebiendo, entregándose a su afición, incluso Luis Aragonés iba emocionándose a medida que se iba acercando al tumulto, y comenzó a saltar y cantar al son de sus compañeros del cuerpo técnico y jugadores. El hombre impasible estaba emocionado, incluso alguna lágrima pareció empañar sus ojos durante algunos instantes. Sus chicos le quieren, le adoran y la afición también ha aprendido a quererle, por eso era de esperar el grito de guerra que ayer entonó todo Colón: «¡Luis quédate, Luis quédate!», algo que se antoja prácticamente imposible.

Pero antes de llegar a España los jugadores y el cuerpo técnico tuvieron su fiesta privada, comenzando en el estadio de Viena donde aparecieron en paños menores y «bañando» en caba a un reportero de cuatro, para seguir en una discoteca de Neuftift y finalmente en el avión que les trajo de vuelta. Toda la tensión contenida durante la competición estalló tras el pitido final y pudimos ver la verdadera cara de los jugadores, el ambiente entre ellos, sus bromas, su alegría y sobre todo descubrimos a un auténtico Showman, Pepe Reina. En el escenario de Colón presentó, uno a uno, a todos sus compañeros, con nombre, número y mote incluido.

La bandera de Asturias, la de Andalucía, la camiseta de Antonio Puerta y el homenaje a  Genaro Borras (médico de la selección) fueron algunos de los detalles que pasarán a la historia de este día en el que la Patrulla Águila pintó el cielo de Madrid y España fue más roja que nunca.