Sevilla, Gustavo Adolfo Bécquer y la mujer

Sevilla, Gustavo Adolfo Bécquer y la mujer 9Hablar sobre Sevilla, mi Patria chica, me resulta difícil expresar dónde radica su encanto, su belleza, su atracción; todo gira en torno a esos elementos como pórtico principal: la luz, el aire y el agua. Sevilla no es fácil de pintar, al contrario, es difícil captar lo mágico que envuelve su ambiente. Lo he verificado por mi afición a la fotografía. Todo es consecuencia de la luz, captar el valor de la luz, según las épocas del año, los lugares de la ciudad y horas del día. Armonía de luz que dota a Sevilla de una rara gracia, o de ésa alegría y placer de vivir, cuya procedencia desconocemos, pero que están ahí. Y es que, hasta el aire se puede oler. Nos encontramos ante una ciudad donde el pasado está siempre presente, como algo vivo, permitiéndonos, sin mucho esfuerzo, recrear un ambiente o situar a una figura notable.

En la calle Ancha de San Lorenzo número 9, actual Conde de Barajas, casa que ya no existe, nació un 17 de Febrero de 1.836 Gustavo Adolfo Dominguez Bastida. De sus antepasados, procedentes de Flandes, que se instalaron en Sevilla en el siglo XVI, adoptó su apellido Bécquer o Becker.

Hablar sobre Gustavo Adolfo Bécquer y su obra da muestra de un universo personal dividido entre el sueño y la razón, la mujer ideal y la mujer carnal, la idea y la palabra.

A los doce años escribió su primer poema «Oda a la muerte de Alberto Lista». Así dio comienzo el sueño del poeta.

Su años de juventud fueron paseos por el Guadalquivir, río adentro en barca, río fuera por sus márgenes y orillas, mientras leía a los clásicos sevillanos: Rioja, Herrera, Lista. Estas lecturas alimentaron más aún sus sueños e ilusiones.

En aquella época, debemos imaginarnos una Sevilla luminosa, cargada de olores especiados y revestida Sevilla, Gustavo Adolfo Bécquer y la mujer 10de mil colores. Una Sevilla muy propicia para las inquietudes artísticas del joven Bécquer, donde encuentra sus inspiraciones a todo su alrededor. Después en 1.862 escribiría «La nena»:

«Los que han visto una calle de Sevilla, una de aquellas calles con sus casas de todas formas y tamaños, sus balcones con macetas de flores semejantes a pensiles colgados, sus ventanas con celosías verdes, enredadas de campanillas azules; sus tapias oscuras por las que rebosa el follaje de los jardines, en guirnaladas de madreselvas, allá en el fondo, un arco que sirve de pasadizo con su retablo, su farol y su imagen…»

En 1.854, con diechiocho años, se dejó vencer por el sueño de conquistar gloria y fortuna. Hacerse un hueco en el panorama literario español. Para ello, la única solución es la partida a Madrid. Como equipaje, un gran baúl lleno de poemas que se perderán en el olvido. Más tarde se dio cuenta que, Madrid no tenía nada que ver con la cálida y luminosa Sevilla.

En los años 1.859-1.860 Bécquer es un joven ilusionado, siente que por fin ha encontrado el camino poético, todo en esta época parece confluir: la mujer, la poesía y el amor.

Hubo varias mujeres en su vida, y debieron ser bastante complejas sus relaciones. Su proceso emocional de los desengaños se denota en sus poemas, ya que el tema predominante en sus rimas es el amor; amor que discurre entre la ilusión, la esperanza, la alegría, desengaño, el dolor y la soledad. En realidad, las rimas reflejan la ausencia de amor. Ello se refleja en «Cartas literarias a una mujer» (1.860):

«La poesía eres tú, te he dicho, porque la poesía es el sentimiento, y el sentimiento es mujer (…) Poesía son, por último, todos esos fenómenos inexplicables que modifican el alma de la mujer cuando despierta al sentimiento y a la pasión (…) El amor es poesía; la religión es amor (…) La religión es amor y, porque es amor, es poesía…»

Sólo su ingenio podía ser capaz de enlazar tristezas con lo hermoso de la vida. Es un himno a todo aquello que, sólo puede complementarse a través del acto de amor y de la voluntad amorosa. Uno de los tópicos importantes de Bécquer: la mujer, a través de la imagen femenina, su poesía cobra fuerza.

Sevilla, Gustavo Adolfo Bécquer y la mujer 11La otra mitad de su obra es un canto a la mujer como mujer, portadora de los puros valores femeninos. Su poesía está encamada en el ser de la mujer, ya que su poesía es sentimiento. La mujer, quién viene a ser a fin de cuentas, el personaje central de toda su obra literaria.

Gustavo Adolfo Bécquer fue un hombre cuyos avatares de la vida le fueron marcando: su enfermedad(Tuberculosis), la pobreza, heridas amorosas, el desengaño personal y artístico.

Una tarde, fue a ver a su gran amigo Narciso Carrillo y le dijo: «Estoy haciendo la maleta para el gran viaje. Dentro de poco me muero…» Envuelto en una pañoleta, le dejó sus versos y sus trabajos en prosa.

En Madrid, un 22 de Diciembre de 1.870, a los treinta y cuatro años, se pagaba una de las voces líricas más importantes de nuestra Literatura, Antonio Machado le llamó «El ángel de la poesía».

Después de su muerte, por primera vez se publicaron sus composiciones reunidas en un par de tomos. La juventud de entonces, se declaró partidaria de su poesía. Sus rimas llenas de sinceridad y pasión, condensan en breves frases las alegrías, los dolores, las aspiraciones y los deseos que agitaron su alma amorosa y las punzantes heridas que le produjeron.

Sus restos fueron trasladados a Sevilla en 1.913.

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