En 2024, un 8,5% de la población en la Unión Europea (UE) vivía en hogares donde al menos un miembro necesitaba cuidados a largo plazo debido a problemas de salud. Esta situación resalta la creciente demanda de atención a personas con necesidades especiales en un contexto demográfico que tiende al envejecimiento.
Dentro de los hogares que reportaron estas necesidades, un 28,3% de los residentes accedieron a servicios de atención domiciliar profesional. Este dato refleja la importancia de contar con un sistema de cuidados que no solo ofrezca apoyo, sino que también garantice la calidad de vida de quienes requieren asistencia prolongada.
Países como Dinamarca, Chipre y Bélgica destacan en la provisión de estos servicios: más de la mitad de las personas en situación de necesidad de cuidados a largo plazo en estos países se beneficiaron de atención profesional en sus hogares, con porcentajes de 63,5%, 62,9% y 52,9%, respectivamente. Esto sugiere un enfoque más avanzado y accesible hacia el cuidado domiciliario en estas naciones, que podría servir de modelo para otros Estados miembros.
En contraste, la situación es significativamente diferente en países como Estonia, Hungría y Polonia, donde las cifras de personas que reciben atención profesional en el hogar son notablemente bajas, con porcentajes de 7,6%, 8,3% y 8,5%. Estas cifras ponen de manifiesto las disparidades en el acceso y la calidad de los servicios de atención a largo plazo dentro de la Unión Europea.
Con el envejecimiento de la población y el aumento de enfermedades crónicas, la necesidad de fortalecer los servicios de atención a largo plazo se vuelve cada vez más apremiante, planteando un desafío y una oportunidad para los sistemas de salud europeos, que deben adaptarse para brindar el apoyo necesario a sus ciudadanos.


