Pase lo que pase esta noche la selección de Rusia ha demostrado que tiene el apoyo de su afición, de una país entero que lleva echado a la calle desde que el pasado 21 de junio los chicos de Hiddink eliminasen a la imbatida Holanda de la Eurocopa.
De entrada ya nos quedan banderas que vender en las tiendas de Moscú y en el resto de pueblos y ciudades, los rusos han acabado con el stock. La noche del pasado sábado salieron a la calle en Moscú entre 500.000 y 700.000 personas para festejar el triunfo que les daba el pase a las semifinales y lo hicieron de todas la formas posibles en coche a pie, cantando, bailando y sobre todo bebiendo, que para eso estamos en Rusia. Tal fue la emoción que, en la ciudad de Tavra, un seguidor decapitó accidentalmente una estatua de Lenin al subirse a ella. Sin embargo no se produjo ningún incidente que lamentar, un milagro si se mezcla la aglomeración de gente, la fiesta y el alcohol. Y una estatua precisamente es lo que le han hecho a Guus Hiddink. Seguro que el entrenador de origen holandés nunca se hubiese imaginado que alguien le alzase una estatua debido a su trabajo pero así ha sucedido.
Viendo lo visto y en previsión de lo que pueda suceder esta noche, el Ayuntamiento de Moscú ha prohibido la venta de alcohol durante el partido de semifinales que Rusia disputará contra España en Viena. Según palabras de un diario moscovita: «Es imposible predecir el desenlace del partido entre Rusia y España, pero nuestros aficionados pueden emborracharse… tanto de alegría como de pena».
No es que le deseemos el mal a nadie, pero mejor que la pena sea para ellos y la alegría para nosotros.