Desde hace algunos meses hablamos ya de una mejora notable de la salud general de la comedia, una mejoría que empezó con películas indie como Pequeña Miss Sunshine o Juno y películas que se liberaron de los complejos y los tabúes para hacer humor aparentemente chorra, pero inconcebible sin una alta dosis de atinada autoconciencia, algo que evidencian títulos subrayables como Supersalidos o Tropic Thunder.
Rumores y Mentiras (Easy A) coge el relevo cualitativo de sus precedentes y juega a ser lo que no es, pues toma la apariencia de una comedia adolescente para destaparse como una grandísima película de humor satírico y fina ironía que trata temas importantes como los tabúes de la sexualidad, la aceptación social y la cultura de la popularidad. Y la chica que pasa desapercibida en el instituto hasta que “se convierte” en la golfa del año se presta como el molde perfecto para una historia ficticia pero de rigurosa actualidad.
El sofisticado planteamiento de película de Will Gluck y sus punzantes diálogos tiran con bala contra la facilidad de la información, una fuente de bulos y mentiras que nos hacen olvidar que detrás de las apariencias forjadas con historias finas como papel de fumar se esconden personas.
Rumores y Mentiras, además, toma derroteros metalingüísticos que enriquecen, y de qué manera, el discurso crítico. Es muy aplaudible la capacidad de hablar en clave metafórica y cimentar su valiente propuesta sobre el clásico de La Letra Escarlata, versión novela y cinematográfica, y levantar una película muy inteligente, autoconsciente y marcadamente fiel a sus referentes y a sus pretensiones.
Y con todo esto no podemos olvidarnos de Emma Stone, una formidable actriz que brilla con luz propia defendiendo este papel poco agradecido por su posicionamiento antiheróico y por carecer del magnetismo instantáneo que tenía Juno, entre otras cosas, porque el nivel de complejidad de su personaje es mucho mayor.