¿Qué haces, Salt?

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Por hacerlo fácil, Salt es bastante entretenida, tiene secuencias de acción aceptables y no apunta demasiado arriba en cuanto a aspiraciones, de modo que estamos ante una película de espías capaz de sobrevivir a las críticas y ser olvidada a los pocos días. Además, el factor Angelina Jolie es una garantía de cara a la taquilla y, de hecho, en España ha desbancado a Origen del número uno en su primer fin de semana.

No obstante, una película comercialmente perfecta, como suele pasar, a nivel artístico suele ser una laguna integral de la que poco se puede salvar, como en el caso que nos ocupa. Juega a favor de Salt el ya mencionado hecho de que uno la ve con expectativas nulas, a aceptar lo que le echen, y por esto los enormes boquetes que tiene el guión y alguna que otra sobrada en las escenas de acción propician más la carcajada que la vergüenza ajena.

Por esto, comparar Salt con la saga Bourne o incluso con El Fugitivo es un error flagrante del que uno se percata nada más empezar la película, porque Salt no va en serio. Sólo hay que ver los tres nudos clave de la película, que son de lo más previsible que se ha visto últimamente y acaban de descomponer una historia ya de por sí titubeante.

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De todos modos y a pesar de la clemencia que fácilmente puede despertar Salt, se comete un error garrafal dentro del tipo de película que es y que la estropea gravemente: su premisa. En un film de este tipo, con un protagonista ÚNICO, la única cosa con la que no puedes mantener el suspense es con la identidad del espía, te cargas la película.

Ante una cosa tan llana como es Salt, el espectador necesita agarrarse al protagonista y a sus motivaciones para entrar un poco en la película, y en Salt no pasa porque Salt simplemente hace cosas de las que uno no puede entender el porqué, ya que no se sabe qué es lo que realmente mueve a esta Jolie saltarina. Además, ya que el juego es éste, hay un segundo error garrafal que es no poner un personaje secundario que compitiera en carisma con la protagonista y pudiera llevar los galones del film, pero ni Liev Schreiber ni Chiwetel Ejiofor gozan de suficientes minutos en pantalla como para salvar la papeleta.

A pesar de todo no me malinterpretéis, Salt no es una película de suspenso absoluto ni mucho menos, pero es una una enorme decepción ante las posiblidades que ofrecen el personaje y la historia. Sólo hacía falta tomárselo un poco más en serio.

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También me atrevo a decir que el final de la película deja la puerta abierta a una atractiva continuación (que no sería raro que llegara en un par de años), con todo lo que precisamente Salt no tiene: una historia interesante, una protagonista definida y una motivación clarísima.

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