Que hable ella, Simone

Que hable ella, Simone 5Si hoy se levantara de su tumba, Simone de Beauvoir, podría comprobar cómo, en el centenario de su muerte, y según el pensamiento vigente, será de nuevo reflejada su obra, vida y su peculiar forma de vivirla.

Por eso he buscado mis dos tomos de El Segundo Sexo de Ediciones Siglo Veinte, Buenos Aires. Y allí, envueltas entre sus amarillas páginas, he encontrado y vuelto a releer mis notas.

Dentro del compendio de artículos, apuntes sobre sus obras, contestaciones de la propia Simone de Beauvoir a las críticas, hacia ella y Sartre, sobre su manera de vivir y de entender la vida, quiero destacar algunas de sus opiniones:

* Sobre el matrimonio:

«Ante mi pánico Sartre propuso que revisáramos nuestros planes: si nos casábamos nos beneficiaríamos de un trabajo doble y, después de todo, esa formalidad no perjudicaría muy gravemente nuestra manera de vivir. Esa perspectiva me cogió desprevenida. Hasta entonces ni siquiera habíamos pensado encadenarnos a costumbres comunes, la idea de casarnos no se nos había pasado por la cabeza. Por principio nos ofuscaba. Sobre muchos puntos vacilábamos. Éramos hostiles a las instituciones, porque la libertad queda alienada y hostiles a la burguesía de las que emanaban. Nos parecía normal que nuestra conducta coincidiera con nuestras convicciones. El matrimonio multiplica por dos las obligaciones familiares y todas las molestias sociales. Al modificar nuestras relaciones con los demás, habría alterado fatalmente las que existían entre nosotros».

* Sobre la maternidad

«Si me apartaba de ese proyecto era porque mi felicidad era demasiado compacta para que ninguna novedad pudiera atraerme. Un crío no hubiera apretado los lazos que nos unían a Sartre y a mí; no deseaba que la existencia de Sartre se reflejara y se prolongara en la de otro: se bastaba, me bastaba. Y yo me bastaba, no soñaba en absoluto con encontrarme en una carne emanada de mí. Por lo tanto, ningún fantasma afectivo me incitaba a la maternidad, además no lo creía compatible con el camino por el que me internaba: sabía que para ser escritora necesitaba mucho tiempo y una gran libertad».

* Sobre su manía deambulatoria:

«Viajar había sido siempre uno de mis más ardientes deseos. Entre los cinco sentidos calificaba por encima: la vista, pese a mi amor por la conversación, me quedaba estupefacta cuando oía decir que los sordos son más tristes que los ciegos. -¿Para qué viajar si siempre va uno consigo mismo? –me dijo alguien. Yo me separaba de mí; no me convertía en otra, pero desaparecía. Esas treguas en que de pronto el tiempo se detiene, en que la existencia se confunde con la plenitud inmóvil de las cosas. ¡qué descanso y qué recompensa!».

 Simone de Beauvoir escribió su propia biografía. Las razones para encontrarla ilícita las halla la escritora en el hecho de que “un diario siempre es interpretable de mil maneras”, y continúa “juzgar a cualquier figura, por estos matices tan internos, tan íntimos, es una cosa mala, inadecuada, y en ese sentido reaccionaria”. 

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