Por fin me toca un libro pop. No, no es una biografía (a mí me aburren, no sé a vosotros), sino una novela. Lo que pasa es que está ambientada en los EEUU de los años 70, y que sus protagonistas, jóvenes casi todos, viven constantemente rodeados de música (alguno casi asiste a Woodstock). La música es, además, un elemento crucial en la historia; las canciones que suenan en la radio tienen un porqué y complementan la narración en todo momento.
La historia es sencilla: Charles está enamorado de Laura, pero no puede estar con ella porque está casada. Comparte piso con Sam, de profesión desempleado y vividor. A su alrededor giran su hermana Susan y su madre, Clara, hipocondríaca y depresiva.
“Postales de invierno” es eso que llaman una “novela generacional”, lo que viene a ser una historia en la que las vivencias de los protagonistas son como una metáfora de una época concreta. En este caso, del doloroso paso de la inocencia “hippy” a la acidez de finales de los 70. El desencanto que nublará esa etapa en la vida americana (y del mundo occidental), simbolizado por el movimiento punk, ya se percibe en la mayoría de los protagonistas. En especial, en la madre, Clara, que no deja de añorar el pasado.
Una novela palpitante, con momentos de diversión, tierna, melancólica y exquisitamente escrita, llamada a ser un clásico actual.