¡Pensemos en Pop… Art!

Después de habernos adentrado en el mundo Dadá, avanzaremos unas décadas en el tiempo para situarnos dentro de un período donde surge un estilo artístico que será propio de la cultura del masas; un estilo que no se podría entender sin el dadaísmo, ya que utilizará también la descontextualización de objetos comunes e industriales a los que se les dará un valor artístico. Sin embargo, ya no se trata de una crítica, de un juego satírico contra los antiguos valores artísticos; ahora se utilizan estos elementos como propaganda, diversión o parodia de la nueva sociedad, intentando jugar y llamar la atención del espectador con un sentido positivo; se quiso acercar el arte a todo el mundo logrando así un rápido éxito, un desenfreno de formas, colores, carteles, iconos, revistas, cómics… Es un arte moderno, juvenil, divertido, vivo, efímero, pasajero, sexy, popular: es ¡el Pop Art!

 

“El pop es amor porque lo acepta todo… pop es lanzar la bomba. Es el sueño americano, optimista, generoso e ingenuo…” Robert Indiana

 

El Pop Art tuvo dos principales focos en Estados Unidos y en Inglaterra entre los años 1956 y 1970. El Pop Art inglés será más intelectualizado que el estadounidense y desarrollará en gran medida la técnica del collage, ya muy utilizada por los dadaístas. De hecho, ¡qué mejor que la utilización de elementos propios de la cultura popular como revistas, iconos de la televisión o anuncios para crear una obra pop! Además, la principal crítica del Pop Art iba encaminada a la corriente del Expresionismo Abstracto, que se caracterizaba por ser un estilo personal, subjetivo, individual y lleno de simbolismos no accesibles al público, de ahí que el Pop Art buscara elementos totalmente contrarios: es directo, se dirige a la sociedad, es el arte de todos. En Inglaterra, además, todos estos elementos serán tratados con especial humor.

Una de las obras más significativas las tenemos con Richard Hamilton en su obra Just what is it that makes today’s homes so different, so appealing? (¿Qué es eso que hace a los hogares de hoy en día tan diferentes, tan atractivos?).

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Se trata de una obra considerada iniciadora del Pop Art que presenta un malicioso título. Dirige la mirada hacia la civilización urbana moderna y a sus formas de expresión visuales, pero sin dejar de ser crítico a través del humor. Este agresivo collage presenta los principales cimientos de la cultura popular industrial: los vistosos cuerpos artificiales tanto masculinos como femeninos, los procesos contemporáneos de transmisión de sonido e imágenes, la higiénica atmósfera del hogar moderno, el mobiliario impersonal junto con numerosos carteles, emblemas de marcas, cine —tras la figura masculina aparece el anuncio de El cantor de Jazz, considerado del primer filme sonoro de la historia—  televisión, el cuadro del cómic mucho más grande que el retrato tradicional y aburrido que se presenta a su lado, la alfombra que nos recuerda curiosamente a una obra del expresionismo abstracto americano, como un elemento que hay que pisar y, por último, las letras “POP” de la funda de la raqueta del hombre en las que muchos creen encontrar el origen del nombre de este estilo artístico.

Es curiosa la forma en la que se plasman todos los elementos que posteriormente formarán parte del desarrollo estilístico del Pop Art; sin duda, marca el inicio de una revolución artística, pero no la encarna, sino que se limita a ofrecerle sus servicios como lanzadera. Llama la atención, el importante influjo del Dadaísmo aquí presente, como el elemento que desencadenó esta “locura” en el arte y en la sociedad, que se burla de sí misma al mismo tiempo que disfruta del progreso y bienestar que se estaba generando tras el período de guerras. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el Pop Art fue el resultado de una ensoñación, de un juego que no fue del todo consciente del camino que se estaba produciendo en la sociedad, pasando de la modernidad a la postmodernidad, de un espíritu juvenil a uno envejecido que aún sueña con encontrar el camino para regenerarse.

 

 

 

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