En el estado de Nilo Azul, Sudán, decenas de miles de personas han sido forzadas a abandonar sus hogares debido a los enfrentamientos ocurridos entre enero y mayo de este año. La gran mayoría de quienes han huido son mujeres y niños que buscan seguridad y atención en campamentos de desplazados. Sin embargo, la situación es precaria, ya que la violencia, las inundaciones y la falta de infraestructuras adecuadas han dificultado el acceso a servicios básicos de salud, especialmente en lo que respecta a la atención durante el embarazo y el parto.
Ante esta grave crisis, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ha respondido desplegando y equipando a 15 parteras en las áreas más necesitadas. Entre ellas se encuentra Sa’aida, quien también fue desplazada y actualmente trabaja en una clínica móvil en el campamento Al Karama 3, en Ad-Damazin, la capital del estado. Sa’aida ha señalado que algunas mujeres han tenido que dar a luz durante su travesía, lo que implica riesgos significativos, ya que la falta de personal médico capacitado puede resultar en hemorragias graves que amenacen la vida tanto de las madres como de sus bebés.
Tener una partera disponible en el campamento se ha convertido en una fuente de tranquilidad para las mujeres. Somaya, una de las beneficiarias de la atención brindada por Sa’aida, compartió que llegó al campamento sin conocimiento de dónde encontrar servicios médicos ni recursos económicos para acceder a ellos. “Sin ella, habría sufrido muchísimo”, confesó Somaya, quien siente que la presencia de la partera le ha proporcionado una «sensación de seguridad”.
Además del apoyo inmediato en los partos, la labor de estas parteras se extiende a la atención integral de salud sexual y reproductiva. Safya, otra partera del equipo, mantiene un seguimiento exhaustivo de las mujeres embarazadas, asegurándose de que aquellas que presentan complicaciones sean trasladadas al hospital. Un ejemplo claro de su importancia se presentó cuando Al Radyyia, madre de once hijos, llegó al campamento a un término avanzado de su embarazo y, tras presentar trabajo de parto, fue dirigida a un centro de salud donde pudo dar a luz de forma segura. «Ella realmente me salvó la vida», afirmó la madre, agradeciendo la dedicación de Safya.
El trabajo de las parteras no se limita a asistir partos; también ofrecen educación sanitaria, distribuyen medicamentos esenciales y proporcionan atención postnatal. Sin embargo, el contexto de los campamentos, especialmente durante la temporada de lluvias, complica su labor y el acceso a hospitales, muchos de los cuales siguen cerrados.
En las primeras tres semanas tras su despliegue, las parteras apoyadas por el UNFPA asistieron a 140 partos seguros y monitorizaron a más de 700 mujeres embarazadas. Con el apoyo del Gobierno de Noruega, el UNFPA está capacitando a más parteras en distintos estados para responder al creciente número de necesidades de atención materna y reproductiva.
No obstante, la continuidad de estos servicios enfrenta un grave desafío: la falta de financiación. Para 2026, el UNFPA ha solicitado 129,2 millones de dólares para abordar estas necesidades urgentes, pero hasta agosto solo había recibido un tercio de los fondos requeridos. En un país marcado por el desplazamiento forzado y el colapso de centros de salud, fortalecer la capacidad de las parteras se presenta como una estrategia eficaz para salvaguardar la salud de las madres y los recién nacidos, haciendo posible la identificación temprana de complicaciones y la gestión de emergencias que, en ocasiones, resultan cruciales entre la vida y la muerte.
Fuente: ONU noticias Salud


