W40K obliga a que sus libros pasen de mano en mano: se trata de una nueva mitología, de las muchas que conviven en la era moderna de la tecnología
Ragnar Blackname, valeroso, respetado Lobo Espacial y típico adalid de aventuras y desventuras heroicas, se enfrenta a la ignominia del exilio lejos de su planeta Fenris natal tras haber perdido la reliquia más importante de su clan, la Lanza de Russ. Él (pobrecito) lo hizo en pos de salvar a su compañeros y porque creía que era lo más adecuado; de hecho, en más de una ocasión se repetirá a sí mismo que lo volvería a hacer llegado el caso. Sin embargo, esto no es óbice para que a partir de ese momento la amenaza de que el oscuro hechicero Madox pueda invocar al primarca de los Mil Hijos, Magnus el Rojo, sea determinante en el devenir de los acontecimientos.
Antes, acompañaremos a Ragnar reconvertido ahora en un Cuchillo del Lobo, una agrupación menor que sin embargo tiene encomendado el privilegio de proteger a la Casa Belisarius. Los Navegantes de Belisarius no sólo han tenido desde hace siglos la responsabilidad de guiar a las naves a través del espacio disforme, sino que también tienen a su cargo varios planetas donde se extrae el Promethium, materia prima vital para las armas del Imperio. Uno de los epicentros de dicha producción es el planeta Hyades, desde el cual llegan informes de una bajada de las entregas extrañamente anormal. Lady Gabriella, quizá la futura gobernanta de tan prestigiosa Casa, será la encargada de viajar en persona hasta Hyades para recabar información de primera mano acerca de lo ocurrido. En su viaje, ya lo habréis adivinado, llevará una escolta en la cual figurará nuestro guerrero, Ragnar. Él lo hará encantado, ya que de esta forma escapa de una burocrática Terra que lastra sus instintos de lobo y le aleja de una Corte para él asfixiante.
La llegada al planeta, la recepción del gobernador Pelias y del comandante de las Fuerzas de Defensa Planetaria, Cadmus, en la capital Lethe, no son sino el preludio de la gran sorpresa que nos depara la historia: marines pertenecientes a los Ángeles Oscuros se han infiltrado de manera secreta en el planeta para llevar a cabo una importante misión. La rivalidad entre ambos capítulos es milenaria, remontándose a la época del primarca de los Lobos, Leman Russ, y de los Ángeles, Lion El´Jonson. El motivo se apoya en un enfrentamiento acaecido durante la Herejía de Horus.
Hasta el capítulo ocho, uno de los puntos de inflexión en los que la historia torna por otros derroteros, entre escaramuzas varias acompañaremos a los dos grupos. Por el bando de los Ángeles Caidos destacarán el capitán Jeremiah Giegus y el resto de su equipo de eliminación: Elijah, Sebastián y Nathaniel. Por la facción de los Lobos, Ragnar se verá acompañado por sus fieles Cuchillos de Lobo Haegr (toda una mole que se las verá y deseará para entrar por determinados recovecos), Torin (presumido pero inteligente y buen compañero de todos) y Magni (joven recientemente incorporado a la milicia que no defraudará en aquellas misiones encomendadas). Se podría decir que hay una continuidad en la relación de los tres primeros (Ragnar, Haegr y Torin) muy similar a la del Capitán Trueno, Goliat y Crispin. Las características del trío formado por el líder, el fortachón glotón y el perspicaz y valiente, corren muy paralelas. Quizá sea una terna muy recurrente en las historias de aventuras, pero aquí la fórmula vuelve a funcionar. No obstante, de nuevo una novela de W40K se queda en la superficialidad. Los perfiles son poco desgranados, salvo la reiterada caída en desgracia de Ragnar y la posibilidad de resarcirse con esta misión. Nos quedamos con ganas de saber más acerca de personajes como Cádmus o del mayor desarrollo de una interesante figura como la de Lady Gabriella, que se queda en una heroína algo descafeinada.
Pero, es que el meollo es otro; un misterio muy distinto para cada facción les ha reunido en este planeta y las dos escuadras no estarán solas. Como en un plan meticuloso, los autores aportarán la artillería necesaria para que la narración suba de tono con aparición de la nave Vinco Redemptor al mando del Capellán Interrogador, Vargas, Ángel Oscuro perseguidor de Caídos a los que cuenta por perlas negras colgando de su rosario. Y como tenemos a las dos castas frente a frente, por parte de los Lobos aparecerá el Puño de Russ, nave insignia de Berek Puño de Trueno.
No sigo más, ni siquiera con spoilers. Sólo os puedo garantizar que todo el glosario W40K se despliega sobre el texto. De nuevo, una ciudad sufrirá los embates de un enfrentamiento al estilo propio de los astartes, es decir, bombas de fusión por aquí, disparos de láser y bolters por allá. El humo, los edificios derruidos, la ceniza que cae como nieve negra y demás artificios nos impiden saber más de una ciudad que tras sus murallas esconde grutas y laberintos, pero también mucha historia que nos pasa de largo.
Las escenas de batalla hacen gala de la violencia ya característica de la saga, nueva para algunos, estupenda para los fieles seguidores. Quizá por repetitiva se queda en la cáscara. Apenas hay referencias a las más básicas tácticas militares, mejor desarrolladas en otras space operas, pero lo cierto es que Warhammer sigue arrastrando adeptos al Emperador. Esto me lo confirmaba recientemente Jonatan, responsable de la tienda Romudo City en Bilbao. Casi un tercio de este inmenso local está dedicado a esta franquicia y es porque los propios clientes han ido arañando metros para sus juegos, figuras y libros. Por lo tanto, aplicaré esa paradójica frase que se utiliza en economía: “el mercado siempre tiene la razón”, aunque pueda contradecir reglas, usos o críticas sesudas.
¿Una moda? ¿Un marketing bien gestionado? No lo sé. Daos cuenta de que W40K anda a caballo en ocasiones más cerca de la Fantasía que de la Ciencia Ficción, y la prueba la tenéis en que toda la tecnificación de este universo está en mano de “sacerdotes” y poco fundamento se nos esgrime para sustentar una civilización que se extiende por todo el universo. El caso es que detrás de todo este aparente gore, se esconde una narración lineal pero correcta, un uso blanco del diccionario donde no se permiten una sola palabra mal sonante. El sexo es inexistente y las referencias a dilemas morales son tratadas de manera muy estereotipada. Debemos reconocerles, pues, el que no estén haciendo una apología de la guerra, sino que se juega a desbordar la imaginación en batallas desmesuradas contra enemigos alienígenas o fantasmas venidos desde los infiernos más tormentosos que la disformidad pueda parir.
Que a nadie se le vaya la pinza con estas lecturas, ya que los cementerios de verdad, desgraciadamente, no sólo están llenos de víctimas inocentes sino de héroes que se creyeron que la guerra era fantástica. ¿Sabíais que Napoleón se inventaba toda una miríada de condecoraciones y medallas para embaucar a los pobres diablos que alistaban para ir a morir en los campos de batalla? Toda la estética militar no sólo encierra delirios de dictadores, sino que perseguía barnizar de belleza el mayor de los horrores. Bueno, dejaré la filosofía para otro momento, sigamos en lo que nos ocupa, que ahora voy con los puntos fuertes de la novela.
Lo primero de todo, he de decir que me parece que los autores (bajo el seudónimo de Lee Lightner, amigos de toda la vida que viven en Baltimore, EEUU), se lo han debido pasar genial escribiendo esta historia. Nos deparan giros algo predecibles pero lo suficientemente entramados como para que el interés no decaiga y te leas el libro en tres sentadas. Sin ser nada nuevo, miman su herencia warhammer y administran las armas para que la esencia de este universo no se contamine. Quizá se excedan con tanta recapitulación (ni que el lector fuera imbécil y no se acuerde de lo que ha leído), pero se lo perdonamos.
Lo que se desprende significativamente de la lectura, y lo he dejado para el final, es el tremendo paralelismo que encontramos entre el mundo de los Lobos Espaciales y el de los vikingos europeos que tan grande estela mítica y real nos han legado en nuestra civilización.
No olvidemos que se trata de un capítulo dentro de una serie dedicada a estos soldados imperiales, por lo que aquí sus señas de identidad son exclusivas y claramente distintivas frente a otros clanes. Ahondaremos en sus ritos, sus estratos, su particular forma de ver y hacer la guerra, su sentido del honor y, los más llamativo, su instinto animal de lobo, subyacente en lo más hondo de su ser; alojado, digamos, en fusión con su semilla genética. La fortaleza del Colmillo, erigida sobre las agrestes y nevadas cordilleras de Fenris, las inscripciones rúnicas, los festines de carne asada y cerveza helada, los cánticos y la camaradería de los que saben habrán de partir a luchas a muerte en los más recónditos lugares del espacio sin olvidar su amado lugar de origen,… Qué más os puedo contar. Adentraos en este universo de la mano de estos aguerridos soldados que saben morir por lo que les han enseñado, agotando hasta su última gota de sangre por dejar el pabellón de Fenris en lo más alto.
W40K creo que obliga a que sus libros pasen de mano en mano. Se trata de una nueva mitología, de las muchas que conviven en la era moderna de la tecnología, que sirve para alimentar muchas horas mejor que estar sentado en un banco comiendo pipas mirando las musarañas como un zombi o la teletienda de la tele del salón por la noche tras una borrachera improvisada. Ya sé que a veces me pongo paternalista, pero los lectores jóvenes de w40k quizá algún día cojan la Divina Comedia de manera voluntaria y no impuesta, que es como creo que se desgracian muchas aficiones por la lectura. A los que sois más talluditos, os digo… qué demonios, una batallita de éstas tampoco viene mal para seguir alimentando nuestro gusto por el Fantástico.
Dejad que me despida con una frase de los Ángeles Oscuros: “¡Arrepiéntete! Mañana puedes estar muerto”.
Esta maravilla de post es obra de
(R) Jaime Santamaría de la Torre, octubre 2008.
http://www.escenafinal.com
Y está extraído de la página: http://www.fantasymundo.com