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Lo que nos da miedo (IV): los fenómenos paranormales

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Seguimos repasando “lo que nos da miedo” con otra temática sobradamente explotada dentro del cine de terror: los fenómenos paranormales. Son muchos los subgéneros que engordan el saco de esta rama del terror, pero la esencia es siempre la misma y los elementos imperantes constituyen un nexo común entre todos. Y no es Cuarto Milenio.

Los fenómenos inexplicables que escapan a la razón y a la lógica son seguramente los miedos infundados más antiguos del hombre racional. La oscuridad, las sombras que se mueven en la noche, ruidos inquietantes, la sensación de presencias extrañas, un escalofrío en el cuello, los espíritus vengadores, el acecho de seres malvados, la posibilidad de otros mundos, las artes oscuras y la existencia del diablo en contraposición a Dios…toda este corro de amenazas creadas por la mente humana, inagotable a la hora de sembrar miedos, han sido, son y serán carne asador para esta brasería que es la industria cinematográfica.

Uno de los temas más tratados es el nacimiento del anticristo, una temática con fuerza carga religiosa sujeta a leyendas, profecías y mitos desde hace cientos de años fruto del miedo, a día de hoy un poco obsoleto ya, de que si una vez llegó el hijo de Dios para salvar a la humanidad, ¿por qué no puede llegar el hijo del Satán para desencadenar el apocalipsis?

En este campo destacan dos películas míticas como La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968) y La Profecía (Richard Donner, 1976). El film de Polanski, sobretodo, tuvo una gran repercusión transmediática por sus alusiones satánicas y la inquietante atmosfera que desemboca en una sobrecogedora pesadilla. Efectista pero marcadamente realista, Polanski va hilando una historia de sufrimiento e impotencia, con una espectacular Mia Farrow como foco de la consumición y proceso autodestructivo totalmente opuesto al milagro de la vida que viene a ser tener un hijo.

La semilla del diablo llegó a ser censurada en varios países latinoamericanos y calificada X en tantos otros, como por ejemplo Inglaterra. Además, Sharon Tate fue asesinada un año después por la banda de Charles Manson a raíz de la película, sin duda el hecho más macabro que ejemplifica lo que puede llegar a trascender una película.

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La Profecía sigue un camino parecido, ya que la historia se centra en la familia de un embajador de EEUU que adopta a un niño, que supuestamente es el hijo de Satán. Se trata una cinta de terror más convencional, de lucha entre el bien y el mal y como el mal se abre camino de una forma irremediable e inteligente, acorde con la vida moderna, ya que el mal escala de la mejor forma que lo podría hacer: a través de la política. La Profecía tuvo un remake poco eficaz en 2006, básicamente para aprovechar el márqueting que da una fecha tan propicia como el día 6, del mes 6, del año 2006. 666. Uh, que cague.

No obstante, no sólo el diablo es protagonista de estas cintas de terror al uso. Numerosas películas con espíritus demoníacos como protagonistas han hecho las delicias de los fans del género desde hace décadas. Estamos hablando de historias de exorcismos, más sobrecogedoras, más cotidianas y más terroríficas por la cantidad de leyendas supuestamente reales con exorcismos de verdad.

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El Exorcista (William Friedkin, 1973), sin ir más lejos, es el mayor alegato a la presencia de este mal en la Tierra. Asesorada por la Iglesia y con un impecable guión, profundamente documentado y basado en un caso real; Friedkin desarrolla una de las mejores películas de terror  de la historia. También quisiera destacar la más reciente El Exorcismo de Emily Rose (Scott Derrickson, 2005). Menos trascendental pero muy impactante, guarda ciertos paralelismos con El Exorcista por su corte documental y por basarse en el caso real de Anneliese Michel. La Iglesia Católica reconoció oficialmente la supuesta posesión demoníaca de la chica, y aunque su muerte fue atribuida a negligencias del sacerdote que la cuidaba, los hechos que envolvieron la vida y muerte de la chica dieron pie a la leyenda.

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Dejamos los demonios y pasamos a entes con menos status, ya que para sembrar el miedo no hace falta ser una criatura demoníaca, basta con ser una alma perdida en el limbo con una muerte tortuosa y ganas de tocar los huevos. Estos fantasmas al acecho han dado pie a películas como El Ente (Sidney J. Furie, 1982), paradigma en su momento de los fenómenos paranormales (ya que fue basada en hechos reales), en la que una ama de casa era torturada sexualmente por un ente invisible.

Sin embargo, no hay película que haya destacado tanto en este apartado como la producción de Steven Spielberg, Poltergeist (Tobe Hooper, 1982). El poltergeist está documentado como hecho que escapa a la razón científica e incluye movimientos de objetos, ruidos y otros fenómenos atribuidos a presencias malignas. En la película se explica exactamente esto, con una historia centrada en la pequeña Carol Anne, que contacta con unos espíritus que viven en su casa y es secuestrada por ellos. El resto todos lo conocemos, su familia y un grupo de parapsicólogos hacen lo imposible para recuperar a la niña y eliminar los espíritus malignos de la casa.

De todos modos, mi favorita en este subapartado es El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980). Resulta especialmente sobrecogedora por su brillante puesta escénica y el ambiente opresivo en un espacio tan grande como el hotel que custodia la familia, en el que el peligro puede aparecer en cualquier rincón. Además, se desmarca mostrando la cara del terror sin suspense alguno, a plena luz y más amenazador que nunca mirando a los ojos en vez de atacar por la espalda, saliendo de las sombras.

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El cine español de la última década también ha mamado bastante de este subgénero del terror. Para enmarcar quedan grandes films como Los Otros (Alejandro Amenábar, 2001) o El Orfanato (J.A. Bayona, 2007), o para olvidar la cinta de terror juvenil recién estrenada este año titulada E.S.O. (Santiago Lapeira, 2010).

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Vamos terminando, pero no sin hablar de otra temática bastante recurrente como es el coqueteo con la muerte. El eterno miedo a morir y la hipótesis de la llegada de nuestra hora también ha dado mucho de comer al cine de terror. Todos recordamos la interminable saga de Destino Final, en la que la muerte persigue de forma implacable e incansable a un grupo de personas que se han escapado de sus garras cuando llegó su momento. Fue interesante al principio, pero a medida que avanzaban las secuelas y se iba estirando la misma fórmula acabó desgastando esta franquicia que, sin embargo, todavía va a sacar nuevas entregas.

Personalmente me gusta más la leyenda de Mothman, un hombre polilla que, se dice, aparece repetidas veces en los sitios en los que se aproxima una catástrofe que causará la muerte de mucha gente. Este fenómeno, o lo que sea, fue llevado al cine con el film protagonizado por Richard Gere Mothman: La última profecía (Mark Pellington, 2002). Su comienzo y puesta en escena made in Shyamalan terminan en una película prescindible, por la maldita manía de estirar demasiado el misterio y olvidarse de los personajes; pero me parece interesante mencionarla por el inquietante mito del hombre polilla.

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También amarada por el acecho de la muerte está la novela de Stephen King, Carrie, que fue llevada al cine por Brian de Palma en 1976. Carrie es una chica con poderes telequinéticos que es marginada por todos en el instituto y cuando su ira se desata, provoca la muerte de todos los que le rodean, de seres queridos y odiados. Una fenomenal película que va in crescendo, creando un espiral de destrucción alrededor de una pobre chica que sólo tiene culpa de haber nacido.

Por último, dejo una de mis películas de terror favoritas, a pesar de estar totalmente desfasada por culpa de sus efectos especiales ochenteros. Se trata de Hellraiser, una intensa historia que abraza temáticas como el amor incondicional y eterno, las prácticas sadomasoquistas, el deseo de la inmortalidad o la existencia de otros mundos, además de presentarnos a uno de los personajes más emblemáticos del género de terror: Pinhead.

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Aunque sus numerosas secuelas no son ni la mitad de brillantes que la primera, el mundo de Hellraiser es un escenario espectacular para una historia de terror acogida en la naturaleza humana más primitiva, acentuada por unos sucesos paranormales que sobrepasan la razón.

Hasta aquí el repaso del romance entre fenómenos paranormales y cine, un subgénero que a día de hoy sigue siento extremadamente recurrente aunque haya ido perdiendo fuerza con el tiempo. No obstante, mientras sigamos teniendo miedo a la oscuridad, el cine seguirá allí para hacer salir un nuevo fantasma de las sombras, así que bienvenidos sean.

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